El otrora sistema de valorización, que posibilitó la construcción de una infraestructura vial y de servicios públicos para hacer de la ciudad una urbe ordenada y competitiva, parece haber llegado al límite, porque ese modelo que destruye lo construido para abrirle paso a más vehículos ya no aplica.
Y ese Plan de obras de la comuna de El Poblado, iniciado en 1971 y que incluyó las transversales, la avenida El Poblado, Las Vegas, El Campestre, Los González y otras más, a un costo de $96 millones, fue un plan que nadie cuestionó ni puso en duda porque los beneficios económicos y sociales fueron reales y concretos.
Porque fue un proyecto construido con el propósito de resolver problemas de movilidad, servicios públicos y acceso a viviendas y, de paso, elevó la densidad habitacional; pero ello no fue suficiente porque luego desató una presión inmobiliaria tan desmedida que hizo modificar la normatividad y usos del suelo a tal extremo que en lotes de 3.000 m2 donde antes solo se construían viviendas unifamiliares y para dos vehículos, se impuso e inició la desmedida construcción de torres multifamiliares con cientos de parqueaderos, en medio de tan precarias vías.
Y tras el revés de la consulta popular de 1991 sobre la obra 500, que intentaba corregir ese rezago, apareció de nuevo en el 2009 otro gravamen disfrazado de valorización para imponernos la friolera de $458.000 millones para construir 23 obras puntuales, de las cuales apenas se han ejecutado 18 y las pendientes irán hasta el 2023, mientras la comunidad observa impaciente imágenes de tierra arrasada, contaminación ambiental y desorden por causa de la lentitud de los trabajos encomendados a los contratistas y los consiguientes perjuicios económicos para el vecindario.
La construcción del cruce a desnivel de la Inferior con los Balsos, por ejemplo, acusó un retraso de 21 meses y la obra, presupuestada en $ 9.832 millones, terminó costando $20.000 millones atribuidos a malos diseños y estudios de suelos deficientes.
El Mall de la Visitación está casi desocupado por causa de unas obras que llevan años de iniciadas y la fecha de terminación sigue incierta; una situación similar a la sufrida por los vecinos del deprimido de esa misma vía en el cruce con los Parras.
No hay duda, los tiempos y las circunstancias que justificaron el sistema de la valorización han cambiado y hoy, cuando sectores de la ciudad como El Poblado está consolidado y el aprovechamiento del suelo llegó al límite permitido por la normatividad, es ilegal imponer una plusvalía imaginaria.
Porque los puentes, los deprimidos u obras similares, son obras de interés y beneficio general que no valorizan y pretender financiarlas por el sistema de la valorización es como torcerles el pescuezo a las leyes y decretos que la sustentan, argumentos suficientes para afirmar que la fementida valorización nunca llegó a El Poblado.