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David Santos Gómez
Columnista

David Santos Gómez

Publicado el 01 de junio de 2021

Laberinto peruano

Perú tiembla al pensar en el nombre de su próximo presidente. Aún no sabe quién será -para eso están las elecciones de este domingo 6 de junio- pero las dos caras posibles hacen parte de una misma moneda catastrófica. De un lado el profesor Pedro Castillo, al que algunos, sin saber mayor cosa, han etiquetado de extrema izquierda. Del otro, Keiko Fujimori, la hija del corrupto y sanguinario Alberto, quien desde la derecha se postula como la salvación ante el monstruo rojo.

La pareja de terror es el resultante de una primera vuelta electoral en la que el voto ciudadano se atomizó en las más diversas vertientes programáticas y en las que, en últimas, ganaron las caricaturas políticas. Los extremos discursivos que abundan en generalidades y en ataques a sus opositores, pero poco ofrecen para sacar del atolladero a una nación ahorcada por la inestabilidad gubernamental y el descalabro social y económico.

La hija del expresidente condenado denuncia a los gritos que su contrario convertiría a Perú en un territorio comunista mientras el maestro sindical insiste en que, en manos de Keiko, el país sería una dictadura de derecha con su padre a la sombra. Sin propuestas, la campaña que termina se ocultó en gritos y amenazas, y es tal el nivel de preocupación en el ambiente que ambos han tenido que firmar un documento en el que se comprometen a lo obvio: respetar la democracia, confiar en la ciencia para enfrentar la pandemia y devolver el poder en el 2026 cuando concluye el mandato para el que buscan ser elegidos.

Las últimas mediciones le dan una ventaja de entre cuatro y ocho puntos a Castillo, aunque Fujimori confía en remontar y apura los apoyos de políticos conservadores, deportistas de renombre e, incluso, de Mario Vargas Llosa, bastión intelectual de la derecha más retardataria. “Quiero creer en Keiko”, dijo el Nobel, desdiciéndose de las críticas que le había hecho años atrás.

El juego de los radicalismos acelerará el ritmo en los días que restan, antes de las urnas. Los protagonistas insistirán que -ahora sí- está en riesgo la democracia, la libertad, la nación entera. Que viene el lobo. Que por favor no caigan en cantos de sirenas. Y hay que estar muy atentos porque hablamos de Perú, pero nosotros vamos a transitar en pocos meses el mismo sendero. Los gritos que buscan esconder la sustancia

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