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Carmen Elena Villa Betancourt
Columnista

Carmen Elena Villa Betancourt

Publicado el 21 de agosto de 2019

Las bodas de plata de Simba y Nala

Parece que fue ayer pero ocurrió hace 25 años cuando muchos niños y adolescentes fuimos por primera vez a ver El Rey León. Estábamos a la expectativa de esta película, basada en una historia original y no en un clásico llevado a las tiras cómicas como había ocurrido en las producciones anteriores de Disney. Entramos a la sala de cine sin tener idea que el rey Mufasa sería asesinado por su hermano Scar y muchos espectadores sentimos desasosiego al pensar que el protagonista moría tan pronto en una película para niños. Pero el desarrollo del filme nos mostró que Simba era el protagonista. El rey que tenía que luchar por llegar a ocupar su verdadero lugar: el trono de un reino, en ese momento devastado por el deseo de poder de Scar, quien tras acabar con la vida de su hermano y de culpar a su pequeño sobrino de esta tragedia, tuvo el descaro de auto–nombrarse rey cuando llegó ante la manada de leonas a quienes les dio la noticia de que Mufasa y –supuestamente– Simba habían muerto.

Al ver nuevamente “El rey león”, me reencontré con esa historia que es capaz de suscitar sentimientos diferentes como la tristeza, la frustración, la impotencia (con el asesinato de Mufasa), la risa (con los peculiares Pumba y Timón), la admiración hacia personajes como Nala, quien evoca muy bien el papel de la mujer al encontrar a Simba siendo adulto y al recordarle con insistencia que su verdadero lugar era el trono y que al ocuparlo Scar, junto con las desagradables hienas que lo asistían, estaba arruinando el reino entero. Nala era pues una leona intrépida y perseverante que no descansó hasta convencer a Simba de que debía regresar del “Hakuna matata”, adonde llegó siendo cachorro, huyendo por las manipulaciones de su tío Scar. Simba estaba en el lugar equivocado. Por más que se divirtiera en la jungla con Pumba, Timón y el resto de los animales.

El Rey León nos recuerda que cada uno de nosotros tiene un lugar y una misión en el mundo y que es necesario enfrentar nuestros miedos, frutos muchas veces de los engaños de los que hemos sido víctimas. Al enfrentar estos fantasmas del pasado podremos llegar al lugar que nos corresponde (para Simba era el trono y para el resto de los animales era estar en la selva cooperando con el ciclo de la vida y equilibrando el ambiente). Ese equilibrio se vio alterado por la presencia de un rey falso. Por eso el reino que una vez había sido próspero, ahora estaba en la ruina.

Simba y Nala se unieron como pareja, tal como lo había predicho el pájaro Zazú cuando eran cachorros. Hoy celebran sus bodas de plata relanzando esta película y haciendo que muchos, al verla nuevamente, nos encontremos con esta bella historia que nos recuerda que cada quien tiene su lugar en el mundo y que si no lo ocupamos como se debe, habrá un vacío en la historia. Una alteración en el ciclo de la vida.

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