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Ana Cristina Restrepo Jiménez
Columnista

Ana Cristina Restrepo Jiménez

Publicado el 22 de junio de 2022

Las mamás de Petro

La madre de Gustavo Petro es una de las más mencionadas —por no decir “mentadas”— en Colombia. Pese al dolor del exilio, la destinataria del primer agradecimiento en el discurso del presidente electo, doña Clara Nubia Urrego, cuenta con la fortuna que no han tenido miles de madres de militantes y líderes de izquierda: saber a su hijo vivo, defendiendo sus ideas.

Con una foto de su muchacho en alto, doña Jenny Alejandra se abrió espacio para estar cerca del candidato recién elegido. La imagen de la madre de Dilan Cruz Medina, el joven asesinado por el Esmad, más que un momento emotivo sin precedentes, es un legítimo reclamo de justicia. En Colombia, donde las madres de los desaparecidos no mojan primeras páginas ni programas de gobierno, hay quienes anhelan la suerte de la mamá de Dilan por una sola razón: pudo sepultar a su hijo. Tramitó su duelo sin la incertidumbre del “dónde estará”.

En la primera fila de los invitados a la posesión presidencial deberían estar representantes de las asociaciones de madres de víctimas de desaparición forzada y de líderes que murieron en la defensa de ideas de izquierda —solo de la Unión Patriótica, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) ha documentado 4.616 víctimas de homicidio y 1.117 desapariciones forzadas—. Madres de los Falsos Positivos de Colombia, de la operación Orión, Madres de la Candelaria, la Fundación Nydia Erika Bautista, deberían estar presentes...

De acuerdo con el Observatorio de Memoria y Conflicto, entre 1958 y 2021 hubo 80.674 víctimas de desaparición forzada. Un 98,45 % de ellas fueron civiles. Juan Carlos Medina, del Instituto Nacional de Medicina Legal, dijo en El Nuevo Siglo que “se estima que hay alrededor de 25.000 cuerpos no identificados, que permanecen en instituciones del Estado y en cementerios, que a pesar de que se les practicó la necropsia médico-legal, a la fecha no se conoce el nombre de las víctimas y si entre ellas hay personas desaparecidas del conflicto armado”. ¿Cuántas madres mueren esperando respuesta de la Fiscalía? ¿Por qué ahora “vuelan” cuando ven que la JEP o la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas se les adelantan?

Pero ¿por qué me refiero solo a las madres?

En una diligencia de la JEP, la mamá de un desaparecido pidió que la dejaran cavar donde se presumía que estaba su hijo. Una fuente que trabaja con madres de desaparecidos asegura que aquellas que fallecen esperando que sus hijos aparezcan padecen enfermedades relacionadas con los órganos de la maternidad: cáncer en los ovarios, cuello uterino y mama.

No se puede ignorar el poder de la maternidad como acto político. Mujeres como doña Fabiola Lalinde —su inolvidable “Operación Cirirí”— se han convertido en la pesadilla de los gobernantes... ¡porque el Estado las dejó sin sueños!

El 7 de agosto, Petro tendrá que mirar de frente a su madre, y a las mamás de los desaparecidos.

Este parto, también, fue de ellas 

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