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David Santos Gómez
Columnista

David Santos Gómez

Publicado el 06 de agosto de 2019

Las palabras que detonan balas

Estados Unidos ha tenido en el 2019 más masacres que días. Hasta el pasado sábado, cuando se ejecutaron los pavorosos hechos de El Paso, Texas y Dayton, Ohio -que acabaron con la vida de 29 personas- el número de tiroteos mortales llegaba a 250. Y a cada muerte una queja, y a cada herido un reclamo, que llegan a los oídos sordos de un gobierno protector de la venta libre de armas de fuego.

Lo ocurrido en el Walmart de El Paso se investiga como terrorismo interno. Como un crimen de odio. El joven asesino, un hombre blanco de una localidad cercana a Dallas, había escrito un manifiesto racista en el que prometía eliminar la mayor cantidad posible de hispanos para frenar la “invasión” del territorio estadounidense. Para hacer la vida “más sostenible”. Sus palabras, calcadas de la retórica de Donald Trump, revelan vínculos inocultables con la normalización del discurso xenófobo impulsado desde la Casa Blanca: las ideas de que los mexicanos son ladrones y violadores, que los latinos son ilegales, o que la gente de color “debe volver a casa”.

La venta de rifles automáticos sin revisión de antecedentes y el nacionalismo blanco de la actual presidencia republicana logran una mezcla mortal, más cuando el mandatario se muestra indiferente de las consecuencias de sus actos y sus arengas. “Muchos piensan como yo”, se defiende. Un mantra estúpido y peligroso.

Los demócratas han salido al corte, pero, en plena campaña electoral, la derecha decidió que cualquier análisis que vincule a Trump con tragedias de semejante magnitud, debe ser etiquetado de oportunista. Sin embargo, las voces que lo critican se han multiplicado. Parece demasiado evidente que el aumento del alegato racista instalado en Washington tiene efectos mortales que van mucho más allá del matoneo o la prepotencia de pensar a Estados Unidos como un país de blancos. Un alto porcentaje de la población de la potencia lo cree y otro tanto está dispuesto a emplear las armas para borrar de su territorio a los que consideran indeseables.

En la Casa Blanca el multimillonario sigue altanero con los débiles y silencioso ante las tragedias que él impulsa. Lo más importante, para él, es el rédito político. Por eso, dentro de poco, soltará otra de sus frases explosivas, cargadas de odio y sinsentido. Poco le conmueve que esas palabras, mañana, detonen nuevas balas.

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