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Publicado el 21 de febrero de 2022

Lo que los bancos no quieren que aprendas

Por Jaime Jaramillo Machado
@finanzas.emocionales

Hace tres años Fernando recibió la típica llamada de banco: “Por ser tan buen cliente, tienes una tarjeta preaprobada por cinco millones”.

La tarjeta se convirtió en una compra de cartera, luego en un crédito de libre inversión y, por último, en una libranza por quince millones. Fernando gana dos millones, pero recibe $ 1.350.000 después de las deducciones de ley y la cuota del banco de quinientos mil. Atrás quedó el viaje con su familia, la moto de cinco millones ya solo vale dos millones y al televisor se le quemó la tarjeta y no tiene con qué arreglarlo.

Esta historia solo tiene de ficción el nombre del protagonista. El último informe de inclusión de la Superintendencia Financiera revela que el 72,6 % de los adultos tenemos al menos un producto en la banca. Diez años atrás la cifra era del 50 %. Hemos avanzado; sin embargo, me inquieta la baja educación financiera de estos nuevos clientes, la relación banco-cliente es como pelea de toche con guayaba madura, ¿adivinen quién es la guayaba?

¿Cómo llegó Fernando a esta situación? Sencillo, el proceso de bancarización no ha sido acompañado de una adecuada educación. Los bancos dicen que están invirtiendo millones en sus programas. Tristemente, estos le convienen más al banco que a las personas.

Aún no veo al primero diciéndole a sus clientes: “No se endeude para gastar, eso va en contra de su salud financiera”; por el contrario, los anima a hacerlo. La única deuda que deberíamos tomar es aquella que se paga sola: la deuda para invertir.

Cuando recibamos la llamada del banco, recordemos que están ganando dinero a costa de analfabetas financieros. Este es un tema de formación y de una banca más ética. Me hierve la sangre cuando a mis asesorías personalizadas en finanzas llegan personas con dinero en una cuenta de ahorro o en un CDT a tasas que ni siquiera cubren la inflación, pero al mismo tiempo tienen créditos donde pagan altos intereses. Cuando les demuestro que el banco les está cobrando por su dinero, corren a cancelar el crédito y se encuentran con un discurso sobre la importancia del ahorro o las bondades de tener un crédito para construir un historial crediticio y mejorar su puntaje.

Yo me pregunto, ¿qué mejor ahorro que dejar de pagar altos intereses?

Propongo una banca más ética, que sea coherente, que ofrezca créditos para invertir y no para gastar. Que genere crecimiento económico y desarrollo para todos, no para unos pocos a costa de la masa mal informada.

¿Qué tal si Fernando hubiera recibido esa llamada diciéndole: “Sabemos que quieres viajar con tu familia. Te vamos a prestar dinero para que compres un apartamento: con lo que pagas de arriendo pagas la deuda y con el tiempo tendrás más dinero para viajar”? Otra sería esta historia 

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