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David E. Santos Gómez
Columnista

David E. Santos Gómez

Publicado el 30 de noviembre de 2022

Los derrotados – Los patéticos

Se hicieron amigos en el poder, cuando sorpresivamente llegaron a lo más alto de sus naciones y movieron los hilos del Estado a su antojo, y lo siguen siendo ahora un poco por solidaridad en la derrota y un poco por oportunismo mediático. Donald J. Trump y Jair Messias Bolsonaro, representantes de la derecha más extrema de nuestro hemisferio, irresponsables en sus mandatos, negadores de la pandemia, manipuladores de la realidad. Gobernantes de un solo periodo que fueron capaces de socavar los pilares democráticos de sus países a punta de triquiñuelas para beneficio propio. Ahora, ambos derrotados por unas sociedades que les negaron sus continuidades de autoridad, por ciudadanos y ciudadanas que les votaron en contra porque ya tuvieron suficiente del discurso amenazante, del machismo y del racismo, de la xenofobia y de la irresponsabilidad.

Primero Trump. Perdió su soñada reelección y puso a Estados Unidos en una crisis insospechada al impulsar una revuelta contra el legislativo nunca vista en la historia reciente de ese territorio. Gimoteando como un caprichoso se embarcó en un proceso de desconocimiento de las votaciones que aún no termina y que, según puede interpretarse de las elecciones de medio término de hace unas semanas, arrastró también a la derrota a un puñado de fieles seguidores en su partido republicano. Primero él y sus negocios y su falso imperio antes que la democracia.

Luego Bolsonaro. Imprudente, discriminatorio y reivindicador de la mano fuerte que aplastó a Brasil durante la dictadura, su gobierno fue un descalabro tras otro y su delirio abonó el camino para la muerte de decenas de miles durante los meses más violentos del Covid-19. Ni si quiera el burdo entramado para sacar de carrera a su contrincante de centro izquierda y eliminar al Partido de los Trabajadores impidió que perdiera - por la mínima, pero derrota, al fin y al cabo - la anhelada reelección. Ahora Lula da Silva será presidente por tercera vez. Al igual que su amigote del norte, el antiguo militar desconoció los resultados de las elecciones y llamándose a un patético silencio da sustento a los pedidos de golpe de Estado que se gestan en las calles.

Dos dementes del (y por) el poder que hoy sollozan juntos sus derrotas. Sin pruebas o con montajes, aupados en las enloquecedoras maquinarias de noticias falsas, insisten en que el triunfo de sus contrincantes fue el resultado de un fraude.

Pero aún con la evidente debilidad de sus reclamos, con la voz ahogada por los lloriqueos, meten miedo. Porque han demostrado que están dispuestos a hacer cualquier cosa por recuperar lo que alguna vez fue suyo. Porque están dispuestos a acabar con lo que tengan que acabar para regresar a los ríos de dinero y de influencia en los que navegaron durante sus presidencias. Y conspiran en la sombra. Son los matones de colegio que esconden en su bravuconería la debilidad de sus humanidades. Y golpean. Y hieren. . .

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