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Publicado el 22 de noviembre de 2019

Los “me gusta”
y la salud mental

Por Chenta Tsai Tseng

En el muy citado capítulo de Black Mirror titulado “Caída en Picado” nos encontramos a Lacie Pound, una mujer viviendo en una distopía donde sus habitantes son valorados dependiendo de la cantidad de likes que recibe. Se valoran unos a otros de una a cinco estrellas según cada interacción social que realicen. Lacie, un 4,2, se enfrenta a situaciones extremas para conseguir un 4,5 en tiempo récord y lograr así un 20 % de descuento en el alquiler de una vivienda en la idílica urbanización Pelican Cove. Desafortunadamente su objetivo no salió como le hubiera gustado, afectando su propia salud mental y su bienestar a cambio de eso. Unos likes.

Charlie Brooker consigue retratar de forma exagerada la relación que tejemos con las redes sociales y los sistemas de validación como los “me gustas” en la actualidad. El pasado 6 de noviembre, en una conferencia organizada por The New York Times, el moderador le preguntó a Kim Kardashian su opinión acerca de esto. Respondió que se consideraba una persona extremadamente fuerte en lo que a salud mental se refiere, pero que conocía a muchas personas que no, que están obsesionadas con los comentarios y los likes.

Instagram acaba de anunciar que ampliaría la prueba de privatizar los “me gustas” a nivel mundial, después de haber probado ocultarlos en siete países el pasado verano. Si se implementa definitivamente, esto significaría que los usuarios ya no verán el número total de “me gustas” y de reproducciones en el feed. Aún así, podrán seguir viendo cuántos “me gusta” reciben sus propias publicaciones si así lo desean.

El cuestionamiento de cómo los espacios virtuales afectan nuestra salud mental y nuestras identidades offline es un tema que se ha planteado desde hace años. Un ejemplo claro es el artículo de 1993 “A Rape In Cyberspace”, de Julian Dibbell en The Village Voice, en el que hace una crónica de una violación virtual en LambdaMOO, en una plataforma donde un jugador llamado Mr Bungle violó a avatares generando preguntas sobre los límites entre la vida real y la virtual, y cómo se debería gestionar el espacio virtual.

Ocultar los likes en Instagram no es el único protocolo desarrollado por Instagram para conseguir acercarse a un modelo de espacio virtual seguro. Durante estos últimos meses, han quitado los filtros de “cirugía estética” en los stories ya que se consideraba que estos filtros ponían en riesgo nuestra salud mental y la propia percepción de nuestros cuerpos.

Las redes sociales son un arma de doble filo, y la efectividad de estas operaciones y protocolos depende del uso que hagamos, teniendo en cuenta que nuestras acciones en estos espacios tienen un impacto en la vida real, y que en el mismo lugar donde ocurren estas problemáticas, también se pueden construir comunidades. El problema no solamente recae en las redes sociales, sino en cómo las utilizamos.

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