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David E. Santos Gómez
Columnista

David E. Santos Gómez

Publicado el 23 de noviembre de 2022

Los ultras

Durante dos días México fue el centro de la extrema derecha mundial. La Conferencia Política de Acción Conservadora (Cpac) se convirtió en el punto de llegada y de regocijo de las ideas de ese lado del espectro político en su versión más recalcitrante. En los corredores se vieron las caras personajes del estilo del chileno José Antonio Kast y de Eduardo Bolsonaro - hijo del derrotado presidente brasileño -, de la colombiana María Fernanda Cabal y del argentino Javier Milei. También desfiló el español Santiago Abascal del polémico partido Vox. Virtualmente habló el senador Ted Cruz, por los republicanos, y el condenado ex asesor de Donald Trump, el negacionista Steve Bannon. Ambos recibieron los aplausos de un conglomerado que aún ve al Washington mas rancio como su estrella a seguir.

Los asistentes repitieron como mantra que la ola social que pide más apertura y diversidad va en contra de lo que ellos esperan para sus países. Se oponen también a ampliar la mano del Estado e insisten en que el capitalismo debe ir a fondo. Acelerar.

La reunión recibió desde la víspera fuertes críticas de organizaciones de centro y de izquierda e incluso Andrés Manuel López Obrador, presidente del país anfitrión, se despachó contra los políticos asistentes y los tildó de “fascistas, racistas, clasistas, discriminadores, corruptos, sin escrúpulos morales de ninguna índole y partidarios de la violencia”.

Si bien el Cpac nació hace casi cinco décadas en Estados Unidos, en los últimos años la reunión se ha extendido hacia países como Japón, Corea del Sur o Brasil y ahora México en esta versión 2022. Su llegada al país del norte latinoamericano representa un grito de angustia de la derecha continental ante el enorme éxito de la izquierda en las últimas elecciones. Los discursos a lo largo de 48 horas se movieron entre el llamado a la unidad, el lamento y la denuncia, pues los conservadores insisten en que aquellas votaciones que perdieron, como la de Trump en el 2020 o las legislativas de hace un par de semanas en E.U, o las presidenciales en Brasil con el triunfo de Lula y el Partido de los Trabajadores, fueron ilegales. El llanto es el mismo: si la derecha gana fue en franca lid, pero si pierde es porque la trampa jugó a favor de sus rivales.

Como ya se hizo costumbre - y como vio el mundo entero desde la pavorosa toma del Capitolio - la mentira repetida con furia genera un descontento social de consecuencias impredecibles, deteriora la democracia y moviliza el odio como factor de fuerza política. Para realizar las graves acusaciones no se necesitan pruebas.

La foto del encuentro ultra conservador brinda las coordenadas del movimiento en nuestro hemisferio y pone los linderos de los ideales de un grupo que, aunque derrotado, espera regresar con fuerza cuando el ciclo político en el continente mueva el péndulo para su lado

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