Por Wilmar Holguín Álvarez
Politécnico Jaime Isaza Cadavid
Fac. de Com. Audiovisual, 3° semestre
wilmar_holguin20172@elpoli.edu.co
El sexismo siempre ha otorgado privilegios y mejor estatus a los hombres; aunque esa idea en sí misma es un gran error debido a que se está imponiendo un género determinado a una persona recién llegada al mundo, solo partiendo de la idea de que el género va ligado al sexo biológico.
Dentro de la sociedad binaria se premia a aquellas personas que son reconocidas como hombres, y la masculinidad hegemónica es la única relevante; desterrando a un segundo plano otros tipos de masculinidad como los hombres trans, los hombres afeminados y mujeres “masculinas”.
El género en nuestro contexto es una construcción social que limita, define y relaciona los ámbitos del quehacer y el actuar femenino y masculino; pero que sea una construcción social no quiere decir que sea fácil de cambiar, por el contrario, es complicado deshacer el entretejido que existe entre sexo y género.
Todas las disidencias de la masculinidad hegemónica son grietas que se abren dentro del sistema binario y el sistema sexo/género, pues todas las personas que rompen con los paradigmas son una amenaza, porque muestran que existen otras corporalidades que pueden opacar la masculinidad y pueden transformarla.
Es difícil encontrar personas que renuncien a esos privilegios que se les asignan al tener como sexo el masculino y ser un “macho tradicional”, o acaso ¿cuántas personas reconocidas como hombres has visto en la calle llevando falda, maquillaje, vestido o las uñas pintadas?
El sistema binario es dañino hasta para los hombres “muy hombres”, puesto que para la cultura patriarcal, los hombres no son objeto de amor; siendo esto evidente ya que las recompensas que derivan de los privilegios de su masculinidad no son equivalentes a ser amados.
La masculinidad hegemónica necesita relegar todas las expresiones disidentes de la masculinidad a un espacio de menos hombre, siendo esta su manera de reclamar y mantener su posición de liderazgo en la jerarquía social.
Es claro que solo vamos a conseguir una sociedad sana si logramos que todas las expresiones de masculinidad y feminidad tengan espacio, que sean vivibles.
Nuestros cuerpos, nuestras expresiones y nuestras identidades son mucho más variados de lo que nos dice el sistema sexo/ género.
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