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Amalia Londoño Duque
Columnista

Amalia Londoño Duque

Publicado el 05 de julio de 2022

Mente, trabajo y cuidado

Dos temas para abrir conversación: la salud mental y el trabajo.

Este fin de semana declararon contingencia hospitalaria en el hospital mental de Antioquia. No dan abasto, necesitan una red de apoyo para atender la sobredemanda en servicios de urgencias y hospitalización “por el incremento en problemas de salud mental post pandemia”.

Cuando pasó la cuarentena, muchas de las conversaciones que teníamos al reencontrarnos mencionaban, como en chiste, lo duro de la soledad, del encierro, y lo difícil que era para algunos volver a socializar.

Los silencios.

Era difícil entenderlo todo, restarle seriedad a algunos temas hacía parte de una narrativa de bienestar que llegaba con fuerza después de la pandemia y el argumento más ganador era para muchos ese de: mientras menos sepamos, puede ser mejor.

“Esto es un sálvese quien pueda”, me dijo alguien una vez. “No tenemos que saberlo todo sobre los otros, porque tampoco podemos hacer mucho la mayoría de las veces.”.

Me lo creí.

Digamos que actué en sintonía con ese mensaje, para protegerme supuestamente y en parte porque la labor del periodista, eso de tener que dar noticias todo el tiempo, es una labor que exige probar todas las formas de protección para resguardar los pensamientos sanos.

No duré mucho tiempo en ese lugar en el que no me interesaban tanto los otros. ¿Cómo apoyarnos entonces si no nos interesamos siquiera en lo que nos pasa? ¿Cómo ayudar? ¿Cómo avanzar sin hablarnos de lo importante?

Y es que el trabajo, que determina gran parte de nuestros pensamientos hoy, es para muchos un ambiente hostil. Nadie se preocupa por nadie, no existen preguntas ni apoyos, solo proyectos, indicadores y resultados.

Marcus Buckingham, investigador, publicó en la edición de mayo de Harvad Business Review un artículo que tituló: Diseñando un trabajo que la gente ame. Decía que cuando estás con alguien a quien quieres, que quisieras proteger y cuidar, la química del cerebro cambia. Y no se refería solo al amor romántico, sino también a esas relaciones que tenemos con compañeros de trabajo y con otros familiares. El valor en un espacio de trabajo lo darán aquellas relaciones donde el compromiso sea reconocer al otro que está yendo a trabajar conmigo.

Los datos soportan un fuerte vinculo entre la confianza y todas las buenas consecuencias que se derivan en un ambiente de trabajo así.

Sin embargo, poco de esto vemos en la práctica.

La urgencia de cumplir indicadores, los jefes que no son líderes, sino simplemente jefes y las malas relaciones en los equipos, hacen mucho daño en ese camino de cuidarnos que se hace tan urgente.

Muchos espacios laborales se han convertido (sobre todo después de la pandemia y con la virtualidad) en espacios sin conversaciones sinceras: gente fuerte, superhéroes que esconden su vulnerabilidad por miedo. Que no dicen mucho para no perder más.

Y así hemos llegado a ese momento temido en el que la salud mental es otra pandemia.

Una más silenciosa.

Una más letal.

¿Qué podemos hacer para empezar a cambiarlo? .

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