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Carmen Elena Villa Betancourt
Columnista

Carmen Elena Villa Betancourt

Publicado el 15 de abril de 2020

Milagro en la celda siete

Muchas películas se han recomendado en este tiempo de cuarentena en el que las personas buscan entretenerse y ocupar su mente en otras cosas para así tener una mejor salud mental y permitir que el encierro se haga más llevadero.

Y una de ellas, que, como muchas personas, he visto en estos días es Milagro en la celda 7. Si usted no la ha visto, le recomiendo que no lea este artículo ya que comentaré detalles de la misma.

Entró a la plataforma Netflix como una película sin mucho éxito y de ahí comenzó a tener más vistas y a ser recomendada por muchos televidentes. Creo que la sensibilidad en la que estamos en estos días nos ha hecho abrirnos a historias como esta que, aunque no precisamente esté basada en la vida real, toma un elemento de la realidad que es el corazón del ser humano, su capacidad de conmoverse con situaciones tan tiernas como el amor de un padre por su hija pequeña y su capacidad de cambiar, de pedir perdón, de reconocer la propia maldad y de sacar lo mejor de sí, aún después de haber cometido los crímenes más atroces.

La película cuenta la historia de Memo, un viudo y joven padre de familia que tiene un problema de retraso mental que lo hace actuar como a un niño. Vive con su abuela y con su hija Ova de seis años. El amor de este padre y esta hija es algo que enternece hasta al espectador más duro, pero ellos se ven obligados a separarse, ya que Memo resulta condenado a prisión y, más adelante, sentenciado a pena de muerte porque se le atribuye haber cometido un crimen del cual él es inocente.

Y aunque causa gran dolor e impotencia ver durante la película cómo Memo es tratado injustamente no solo por los guardias sino por los mismos reos, a vez vemos como de una injusticia pueden ir floreciendo poco a poco muchas elementos tan hermosos como la amistad que él va forjando con los reclusos, quienes se encuentran allí pagando por culpas graves y cómo esta amistad permite sacar el lado más humano de hombres que han delinquido de manera muy baja.

Es una película que toca el corazón, que muestra cómo el amor entre un padre y una hija es tan poderoso que puede derribar los muros de la maldad, el resentimiento y las rivalidades y que puede unir a personas que han caído muy bajo. Ellos luchan desde su condición y su capacidad nula de voz y voto, en defender a un inocente hasta las últimas consecuencias.

Vale la pena ver esta película (como han dicho muchos comentaristas, con pañuelo en mano por favor) porque en la séptima celda ocurrió un milagro. El milagro que nos muestra que, cuando el hombre, por malo que parezca, deja salir la bondad que hay en él, puede cambiar de vida, puede salvar vidas e, incluso, puede realizar el acto más noble que pueda existir que es el de dar la vida misma por los demás.

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