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Óscar Domínguez Giraldo
Columnista

Óscar Domínguez Giraldo

Publicado el 23 de diciembre de 2021

Mirarse a los ojos

Eran famosas las cataratas del general Charles de Gaulle, quien en los besamanos en el Palacio del Elíseo sólo veía a quien le interesaba. Ninguneaba a los lagartos que lo visitaban con su hoja de vida debajo del primermundista sobaco.

Uno de los mínimos encantos que nos ha deparado el inameno coronavirus, con su popurrí de cepas, es que nos permite parecernos a mi general. Gracias al tapabocas que simultáneamente nos muestra y nos oculta, vemos a quienes queremos. Y, al revés, somos nadie para quien decide ignorarnos.

El antifaz le dejó todo el protagonismo a los ojos. Motivo suficiente para designarlos mi personaje del año, así de la revista Time nunca me llamaran a consultarme. (O me llamaron cuando tenía el celular en pico y placa para defender las briznas de intimidad que nos dejó la era digital).

Hoy por hoy el estrato social lo marca la calidad del tapabocas, que obliga al interlocutor a centrarse en los ojos. A la brava nos estamos mirando.

Elegí mi personaje del año la noche que reparé en los bellos ojos de una vieja amiga. Concluí que más que el espejo del alma, los ojos son la internet, el wasap, el wize de cada uno de nosotros.

Tardan en irrumpir los coachs oculares. Si fuera milennial, me llenaría de oro aconsejando cómo manejar las “vistas”. Endoso la idea, pero aspiro a comisión. No puedo ir por la vida soltando ideas sin reciprocidad. Eso de andar siempre arriando first class en los aviones es pésimo negocio.

Desde que hay pandemia y tapabocas, en los ojos se concentra todo el encanto, el sexapil, el misterio que cada uno de nosotros tiene. Hay que mimar “esos tus ojos” como si fueran nuestras mascotas. O la primera o la última novia. Nada de lagañas. Espantarían cualquier posible conquista.

Antiguamente, el jarrete de las bellas alborotaba libidos. Como todo ha subido, el encanto femenino se concentró en los ojos.

Ellas lo saben y suelen adicionarles el maquillaje que los hará misteriosos, distantes, desdeñosos. Maquillarse es mentir deliciosamente. Groucho Marx terminó uno de sus libros mientras esperaba que su mujer se arreglara para salir.

Las cejas también desempeñan un papel fundamental. Recomiendo copiarse del maquillaje que utilizaba Nefertiti, reina del Nilo. O inspirarse en Ceja de Lujo, María Félix. Sin sus cejas, que miraban por ella, la diva mexicana era una más del directorio telefónico.

También cobraron furiosa relevancia las pestañas. Las hay como las de la exsenadora Piedad Córdoba, tan largas que casi le dan la vuelta a la manzana. Como ella está de vuelta en la política, las utiliza como fenómeno de agitación de masas. Paso el dato a las interesadas.

Si todos estos no son argumentos en favor de mi personaje del 2021, confieso que perdí el año... 

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