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Juan David Ramírez Correa
Columnista

Juan David Ramírez Correa

Publicado el 28 de junio de 2022

No es tiempo de procrastinar

Procrastinar es una especie de deporte nacional en el que se les saca el cuerpo a las cosas y cuesta concentrar y enfocar los esfuerzos en asuntos esenciales.

¿Qué es procastrinar? La palabra procrastinación deriva del latín procrastināre. Su significado es postergar. Pero va más allá, porque también proviene del griego antiguo akrasia, que significa hacer algo en contra del mejor juicio que se pueda tener.

Un artículo del New York Times, que habla del tema a profundidad, concluye, citando al profesor de Psicología Motivacional de la Universidad de Calgary, Piers Steel, que la procrastinación es un acto enfocado en “hacerse daño a uno mismo”. Dice el artículo que procrastinar es algo irracional. Quien lo practica sabe muy bien que tendrá consecuencias negativas.

El momento político que vivimos, con la llegada al poder de Gustavo Petro, pone de manifiesto ese vicio procrastinador existente en el país del Sagrado Corazón de Jesús.

La cosa es simple. Son muchos los años procrastinando la necesidad de entender que el país no aguanta más polarización y que, con lo que esto implica, cualquier asomo de confianza se rompe. El hecho de que la izquierda haya llegado al poder no puede ser una condición de exclusión para los que no votaron por Petro, casi la mitad de los electores. No olvidemos que esas personas hoy no tienen un interlocutor relevante y de peso que cumpla las funciones de líder de oposición. A la larga, hay que tener presente que son una fuerza representativa, que con su voto expresaron su temor, dejando manifiesta la incertidumbre en la que viven, con los postulados de izquierda y con el mundo petrista, sobre el futuro del país.

Ahí aparece otro asunto que no se puede procrastinar: La necesidad de velar por la claridad en la reglas de juego. Si este gobierno no es claro frente a lo que se puede y no se puede hacer, todo será difícil y llevará al país a niveles de incertidumbre colindantes con el polvorín social. Manejo de la inflación, la llamada transición energética, la reforma tributaria, la misma conformación del equipo de gobierno ya empezaron a exacerbar ese sentimiento de incertidumbre, que se va a sumar a las expectativas creadas por las promesas que Petro hizo en campaña, muchas de ellas salidas de sus soliloquios y que son complejas, por no decir imposibles de cumplir, desde el punto de vista presupuestal y operacional.

Por último, no se puede procrastinar lo más relevante: Entender que Petro no es el salvador de Colombia y que una democracia sólida debe ser a prueba de estos personajes. Ojalá le vaya bien, porque el beneficio es para el país, que siempre va a estar por encima de cualquier consideración. Procrastinar el ejercicio del control disciplinado y asertivo sería un grave error, porque tanta emoción del petrismo puede llevar al personaje al caudillismo 

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