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The New York Times
Columnista

The New York Times

Publicado el 20 de julio de 2019

No todos querían un hombre en la luna

Por Neil M. Maher

Hace cincuenta años, esta semana, más de un millón de estadounidenses condujeron, volaron e incluso viajaron en bote hacia Cabo Cañaveral en la Florida para presenciar el lanzamiento del Apollo 11, que culminaría cuatro días después, el 20 de julio de 1969, con la victoria de Estados Unidos sobre la Unión Soviética en la carrera hacia la Luna.

Menos de un mes después, casi 500.000 jóvenes viajaron en caravana, hicieron autostop y caminaron por entre el tráfico detenido hacia el festival de música Woodstock en el estado de Nueva York, donde bailaron con lluvia y pantano canciones que criticaban el país, especialmente por su participación en la guerra de Vietnam.

¿Cómo pueden estos eventos, que parecían estar en mundos diferentes, suceder tan cercano el uno del otro?

Una respuesta es que Apollo 11 y Woodstock personificaron una brecha cultural radical, que alcanzó su punto máximo en el verano de 1969, sobre el estado y la dirección de la nación. ¿Debería América haber gastado US$ 20 mil millones para ganar una batalla de la Guerra Fría para poner al primer hombre en la Luna? ¿O debería el país, en cambio, haber asumido ese tipo de compromiso financiero y político para enfrentar la gran cantidad de problemas que luego convulsionaron nuestro planeta natal, no solo la guerra en el sudeste asiático, sino también la discriminación racial, la contaminación y la desigualdad de género?

Aquellos que acudieron en masa a Cabo Cañaveral sin duda respaldaron lo primero. El presidente Richard Nixon los llamó “los estadounidenses olvidados”, una “mayoría silenciosa” que en 1957 se alarmó cuando los soviéticos lanzaron a Sputnik, el primer satélite en órbita del mundo. Apoyaron con entusiasmo el programa espacial estadounidense como medio para ponerse al día tecnológicamente con los rusos y para promover el sistema democrático de libre mercado de Estados Unidos a nivel internacional.

Pero quienes se reunieron en Woodstock y otros que se opusieron a la guerra pensaban de otra manera. Para ellos, la misión Apolo era parte del “Establecimiento”, una pieza en el “complejo militar-industrial-espacial” que funcionaba clandestinamente para reestructurar tecnología espacial para su uso en Vietnam. Los estudiantes de la Nueva Izquierda participaron en protestas en los Laboratorios de Física Pupin de la Universidad de Columbia y llevaron a cabo una campaña de un año de enseñanzas, paros laborales y manifestaciones contra el famoso Laboratorio de Instrumentación de MIT, porque ambos desarrollaron investigaciones para la NASA que fueron usadas por las fuerzas militares en Vietnam.

El programa espacial completo, dijo un miembros de Estudiantes por una Sociedad Democrática, que organizó protestas similares contra NASA en campus universitarios por el país, fue un “arma del establecimiento militar que está agotando nuestros recursos”.

No estaban solos en plantear tales preguntas. El movimiento de derechos civiles también criticó a la carrera espacial. En la víspera del lanzamiento del Apolo 11, el reverendo Ralph Abernathy, quien se había convertido en presidente de la Conferencia de Liderazgo Cristiano del Sur, después del asesinato del reverendo Dr. Martin Luther King Jr. el año anterior, marchó hacia la puerta occidental del Centro Espacial Kennedy con 25 familias afroamericanas pobres y cuatro mulas desaliñadas tirando de dos carros destartalados.

Esta campaña de gente pobre, explicó Abernathy a la prensa reunida, no estaba protestando el cohete Apolo 11. En cambio estaba cuestionando lo que él llamó el “sentido distorsionado de prioridades nacionales de Estados Unidos” que había dejado a una quinta parte de sus ciudadanos sin comida adecuada, ropa y albergue. “Quiero que científicos e ingenieros y técnicos de NASA encuentren formas de usar sus capacidades para solucionar los problemas que enfrentamos en la sociedad”. dijo Abernathy.

Es por eso que esta semana, en el 50 aniversario del lanzamiento del Apolo 11, no solo debemos celebrar el asombroso logro de aterrizar a dos hombres a salvo en la Luna. También debemos aplaudir a aquellos que se tomaron las calles para aterrizar la carrera espacial en los problemas en la Tierra.

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