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Óscar Domínguez
Columnista

Óscar Domínguez

Publicado el 31 de diciembre de 2020

Noticia de un año que se va

Planeta tierra, dic. 31 (Coronavirus Press).- 2020, el año que hizo doblar la cerviz a más de 7.700 millones de personas que contaminamos lo que queda del medio ambiente, agarra hoy el sombrero y se esfuma.

“Ahí les dejo el cuero; aprendan, vagos. Vean a ver si mejoran después del coronavirus. Les mostré sus debilidades. Agradezcan”, les dijo a reporteros que salieron a despedirlo.

Agregó que “ustedes, terrícolas, son una brisa en manos del hacedor de estrellas que estornuda y salen del universo. Pueden enviar naves a millones de kilómetros de su ego pero un bicho sin rostro los encerró. La importancia de peluche que se daban quedó a la altura del incremento del salario mínimo”.

Con el cinismo del poderoso recordó que a. C. no significará antes y después de Cristo, sino antes y después del coronavirus.

Quedamos sin norte, sur, oriente, ni occidente. Habernos liberado del presidente Trump es apenas un pañito de agua tibia. Ganas dan de darle la patadita de la buena suerte (no solo al año) para que abandone la pasarela.

A partir de marzo cuando coronavirus nos redujo al silencio, nos tapó la boca y coartó el libre desarrollo de la personalidad de la aldea global, tuvimos la sensación de que no existíamos, de que el mundo se había detenido a mitad de camino, sin gente, sin edificios, sin nada.

También por culpa de 2020, su majestad la calle, supermercados que son el Vaticano de la sociedad de consumo, los grandes coliseos para la rumba y deporte, se quedaron íngrimos-solos. Un mundo que no se divierte no es viable. Espectáculos sin gente es tan exótico como amar sin amor.

Desde cuando se daban serenatas, la ventana no tenía protagonismo. Mirar a través de ellas, se convirtió un manjar de los dioses. Así no hubiera a quién ver. Mirar por mirar, para inventarnos la certeza de que existíamos...

Este 2020 convirtió en piezas de museo hermosos ritos de la especie como el beso y el abrazo. La cotidianidad, otra vieja conquista de la especie, quedó reducida a cenizas.

A espaldas de Darwin, el codo alcanzó inusitada evolución. Antropólogos que exigieron el anonimato admitieron que el “bobo sapiens” podría nacer con codo y tapabocas incorporados.

Felizmente, 2020 penetra esta noche en el túnel del tiempo y se pierde. ( Ah, y el último que salga que apague la luz...)

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