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Arturo Guerrero
Columnista

Arturo Guerrero

Publicado el 16 de diciembre de 2020

Novena, mantras y Beatles

Los mantras invadieron el mundo. Originados en milenios desconocidos en Occidente, esos sonidos o palabras repetidas hasta el cansancio llegaron para seducir a la juventud. Letanías, sería la palabra más aproximada entre los devotos de las religiones procedentes de pergaminos revelados por deidades.

Solo que esas letanías de las abuelas derivaron en llamados al cabeceo. De tanto masticarse sin comprensión tomaron un aire de bostezo o de risa. “Salga María, entre Jesús”, “El señor Escontigo”, “Ya la oveja arisca, ya el cordero manso”, “El bien germinaya”, así se enmarañan en el inconsciente las oraciones de todos los días y el himno nacional de cada doce horas.

Los mantras vienen de Asia, ingeniados por santones budistas e hinduistas en meditaciones hambreadas sobre montañas que rascan el cielo. Predican que, gracias a cierto poder encantatorio, estas fórmulas halagan el cerebro y lo ingresan en la nada del pensar.

Las religiones del libro, nacidas en culturas del Oriente más cercano, se percataron del poder sugestivo de esas retahílas. Y, claro, las adaptaron a sus contenidos laudatorios y proselitistas. Así nació el rosario y su incesante conteo de bolitas ensartadas para medir las alabanzas del Ave María.

De la misma forma se originó más tarde la Novena de Navidad. Novena viene de nueve, por la cantidad de noches en que se reza antes del nacimiento del Mesías. Después de las consideraciones del día se repasa idéntico coro, momento en que aparece el mantra con su oveja arisca.

Camadas de muchachos de hoy, fatigados del sinsentido e impulsados por el yoga, se pasaron al “¡Ommm!”. Se dice que este sonido equivale al nombre del todopoderoso, en sánscrito. Es la vibración de la que provienen los demás sonidos, entre ellos la música. Los ermitaños suelen exhibir anatomías gordas y no se explica la gente cómo cultivan los budas tanta barriga si en sus cavernas heladas reina la resequedad.

He aquí los factores de la invasión mántrica. Las imágenes de los gurús son severas pero carecen de sangre, cruces, espinas, muerte sacrificada. La meditación se ha convertido en un respiro ante la barahúnda contemporánea. La música con su tan tan es el ritual de la gente joven, cuando los Beatles peregrinaron a la India regresaron con una siembra blanca: “Ob-La-Di, Ob-La-Da”.

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