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Rocío Arango Giraldo
Columnista

Rocío Arango Giraldo

Publicado el 17 de septiembre de 2019

Ojalá que el fuego nos deje conocer el Amazonas

Y el conquistador español Francisco de Orellana le dio por nombre Amazonas al gigante río que recorrió hacia el año de 1542, en remembranza de las guerreras de la mitología griega. Es que según las crónicas oficiales, la expedición del conquistador fue atacada por tribus lideradas por mujeres.

Las imágenes del Amazonas en llamas son como el brutal suicidio de la especie humana. Según el Centro del Laboratorio de Ciencias del Clima y del Medioambiente francés, la selva amazónica representa de 10 a 20 % de las absorciones de aire contaminado en el mundo.

Ojalá que el fuego nos deje conocer el Amazonas. Pablo Neruda tiene un poema llamado Amazonas, en el cual se refiere a la selva como esperma verde. Estamos hablando de un área que equivale más o menos a 6 veces el Valle del Aburrá. Mientras, muchos técnicos salieron a controvertir al Presidente francés, Emanuelle Macron, cuando aludió al Amazonas como “El Pulmón del Mundo”, yo le doy la razón. Estamos hablando de un espacio que “alberga el 40 % de la selva tropical restante en el mundo, el 25 % de su biodiversidad terrestre y más especies de peces que cualquier otro sistema fluvial”, señala el Banco Mundial.

Ojalá que el fuego nos deje conocer el Amazonas. Aunque más allá de la donación de 22 millones de dólares que autorizó el G7, los 5 millones de dólares que donó Leonardo DiCaprio, y quién sabe cuánta gente más se habrá metido la mano en el bolsillo por la selva amazónica... La mejor contribución está en las manos de todas las personas que habitamos el mundo. ¡”Son esas pequeñas cosas”!

Ojalá que el fuego nos deje conocer el Amazonas. Y con ella, descubrir “la eternidad secreta” de la que habla Neruda en su poema, el que envuelve a las 400 comunidades indígenas que habitan la selva. Muchas de ellas no han tenido contacto con el exterior, así que muy seguramente se están llevando una perversa impresión.

Ojalá que el fuego nos deje conocer el Amazonas. Para perdernos en la cuenca fluvial más grande del mundo, tiene una superficie de 7 millones de km2 e incluye partes de Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y un área pequeña de Venezuela.

Ojalá que el fuego nos deje conocer el Amazonas. Para comprobar si verdaderamente existe un árbol de la vida eterna. Se dice que es el fruto del Camu-Camu, uno de los frutos más ricos en antioxidantes y vitaminas del mundo.

Ojalá que el fuego nos deje conocer el Amazonas. Y nuestras acciones superen la pasividad y el letargo, mientras vemos arder en llamas “el Pulmón del Mundo”.

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