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Juan David Ramírez Correa
Columnista

Juan David Ramírez Correa

Publicado el 20 de abril de 2021

País abrumador

La definición de abrumador se resume en “algo que agobia con un peso grave, algo que produce tedio y hastío”. Hagamos, entonces, un ejercicio. Sincreticemos esa definición en una sola palabra. Se la tengo: Colombia.

Este país es eso, una tierra abrumadora y hoy más que nunca lo estamos sintiendo.

Coronavirus... Abrumador. Estamos sometidos a sus caprichos. En medio de una economía echada al traste, cocinamos una suerte de masato lleno de historias de dolor y cientos más de ingredientes pesados que le causan indigestión a cualquiera. La cotidianidad sometida a los caprichos del coronavirus. Que hoy se puede trabajar, que mañana no se puede salir, en fin, así nos la pasamos sin equilibrar la vida con el deber del cuidado propio. Súmele el agravante de que el comportamiento social es un antónimo de lo que en teoría debemos hacer y es así porque muchos colombianos son desordenados en mente, corazón, tolerancia, en fin. Desespera ver las barbaridades que se cometen. Creen que se están cuidando y así digan que son juiciosos, en realidad se comportan como asesinos. Perdón la dureza de la expresión, pero no miden el potencial de transmisión silenciosa que pueden tener.

¿Quiere entender más por qué Colombia abruma con este tema? La semana pasada el covid-19 mató a un colombiano cada cuatro minutos. Vaya y hable con alguien que trabaje en el sector salud para que le cuente el escenario de “hospitales de guerra” que vivimos. ¡Ya vamos en triaje ético en algunas de las instituciones de salud! ¿Tria qué? sí, triaje ético, una condición selectiva sobre las posibilidades de sobrevivencia.

Pero lo abrumador no para ahí. No todo es covid-19. Escuche, pues: reforma tributaria. Otro tema que abruma en grande. Composición de lugar, sí, efectivamente, el déficit fiscal es gigantesco. 7,8 % del PIB es un hueco muy profundo y hay que hacer algo. Apretar el gasto y apelar al bolsillo de los contribuyentes, dice la ortodoxia económica. Póngale pues, que se trate de un asunto patriótico y de sentido común, en otras palabras. Pero, ahorcar, no, por favor, NO, y menos a los de menores ingresos, ¡que son muchos! La plata sana en Colombia es muy luchada. Sudada, dirían algunos. Sin embargo, es completamente abrumador sentir el desfase tan grande entre lo que propone el Gobierno y la realidad de un país lleno de gente sumida en angustias, a la que no les llega ni les alcanza la plata.

Ahora, sumémosle a todo esto una última cosa que abruma, especialmente en Medellín. El alcalde que tenemos. Así es. Completamente abrumador ver el tono de guerra que ha planteado, el desafío absurdo que ha creado y ese estilo Robín Hood que no pega. En fin, no profundicemos, porque, de verdad, da tristeza el agobio, el tedio y el hastío que genera en cada una de sus actuaciones.

Necesitamos un respiro. Esa es la única forma para que este país no siga abrumándonos

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