<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
Diego Aristizábal
Columnista

Diego Aristizábal

Publicado el 21 de noviembre de 2019

Pequeñas historias (11)

Cuando desde mi cuarto hago la cortina a un lado para fisgonear un poco la cantidad de luces encendidas del edificio de enfrente, mi mirada se topa vergonzosamente con alguien que desde el primer piso sale a fumarse un cigarro y a mirar, tal vez, lo que hace esa gente del frente. Con seguridad, él sabrá mejor a qué dedica las noches la señora que recientemente perdió a su esposo y de quien yo apenas supe el nombre gracias a un aviso que la administración puso en el ascensor para manifestar su más sentido pésame. Seguramente él conoce mejor a quienes viven cerca de mí como yo conozco mejor, u observo mejor, a quienes viven cerca de él. Seguro él vio las veces que fueron los médicos a horas extremas para auxiliar un dolor o una agonía.

En ocasiones, cuando lo veo de pie con esa parsimonia y esa mirada tan precisa bajo la luz siempre apagada de su balcón, suelo imaginar que mi vecino es un espía contratado por un esposo celoso que le pidió que observara a su esposa mientras él viajaba. No pocas veces, y me he vuelto más atento desde entonces, he tratado de identificar a quién le pertenece esa culpa, cuál de mis vecinas podría causarle a su marido esa inquietud. Y es entonces cuando he pensado que puede ser esa señora que regularmente encuentro en el ascensor puliéndose el labial frente al espejo y no usa sostén y al despedirse me mira con mucha amabilidad. O, tal vez, aquella que veo detrás de la ventana del gimnasio, casi siempre en las noches, y quien al montarse en la bicicleta estática pareciera estar encima de un vikingo. O, voy a cuatro certezas, debe ser esa señora que una mañana mientras nadaba se me acercó y me dijo que ella quería aprender “diversos estilos”, “un poco más de los que usted hace tan bien”, agregó, pero en ese instante, con mis gafas azules de natación y con los oídos un poco atiborrados de agua, no entendí muy bien a qué se refería.

Dada la situación, me pareció patético imaginar cómo resultaría ser descubierto por mi vecino, por mi otro yo, en el apartamento del segundo nivel. Después de medir las consecuencias, y aunque yo no era su amante, y posiblemente ella era soltera, decidí decirle a mi vecina del 202 desde el teléfono de la portería que no sería posible iniciar las clases de natación, un repentino invierno estaba por desatarse en Medellín.

Porque entre varios ojos vemos más, queremos construir una mejor web para ustedes. Los invitamos a reportar errores de contenido, ortografía, puntuación y otras que consideren pertinentes. (*)

 
¿CUÁL ES EL ERROR?*
 
¿CÓMO LO ESCRIBIRÍA USTED?
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS

Datos extra, información confidencial y pistas para avanzar en nuestras investigaciones. Usted puede hacer parte de la construcción de nuestro contenido. Los invitamos a ampliar la información de este tema.

 
RESERVAMOS LA IDENTIDAD DE NUESTRAS FUENTES *
 
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Teléfono
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS
Otros Columnistas

Aplausos y pitos

$titulo

DRON PARA COMBATIR EL COVID

Gran aporte el de Rafael Vides y Herney López, en Apartadó: nave para esterilizar desde el aire.

$titulo

WILMAN MUÑOZ PRIETO

La fiscalía aplicó extinción de dominio al exdirectivo de la U. Distrital. Desfalco de $12.209 millones.