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David Santos Gómez
Columnista

David Santos Gómez

Publicado el 09 de abril de 2019

Política y coherencia

Es evidente que el ejercicio contemporáneo de la política acarrea una buena dosis de incoherencia. Decir una cosa para luego hacer otra. Denigrar los movimientos que, no mucho después, serán también los propios. Cambiar de ideas como cambia el viento de la opinión pública o, para dejarnos de eufemismos, mentir en la cara para transformar a los incrédulos en votantes.

Hace parte del juego, dirán ustedes. De los niveles aceptados de regateo que son inherentes a la vida misma. Y es cierto. Lo que asombra -realmente lo que asquea- es la impunidad y la desvergüenza con la que se pasean hoy muchos de nuestros políticos que pretenden vendernos sus nuevos estándares morales. Sus leyes inquebrantables que ellos mismos han roto decenas de veces.

Como nuestro círculo de poder no ha variado mucho en las últimas décadas y los que ayer eran oposición hoy son oficialismo, resulta bastante sencillo agarrarlos en sus gazapos. Como entre los dos gobiernos Uribe y los dos de Santos y lo que va de Duque las diferencias de los planteamientos económicos resultan prácticamente imperceptibles, el malabarismo que tienen que hacer unos y otros para defender lo que hasta hace meses reprochaban es digno de circo.

Los que nos presiden -con su bancada en el Congreso- repetían hasta hace un año que las protestas sociales eran el reflejo del descontento social y debían ser escuchadas. Ahora explican que no son más que una horda de inconformes infiltrados por grupos ilegales. Que, contra ellos, todo el peso de la ley. Y si antes un asesinato era el reflejo de un país al borde del desbarrancadero de la violencia; hoy una muerte similar no representa más que un caso aislado.

Y así con las hectáreas de coca y con la lucha anticorrupción y con las relaciones internacionales. Lo que antiguamente no funcionaba ahora resulta que sí y lo que se nombraba terror ahora no es más que una dificultad pasajera.

Lo hace Duque con Santos como Santos lo hizo con Uribe como este a su vez se lo achacó a Pastrana. Y seguimos. Es como observarlos gritarse furibundos contra un espejo en el que cambia el fondo, pero nunca el rostro. Todos tan inconsistentes, todos tan incoherentes, todos tan infieles a sus principios. Y nosotros desde abajo, cambiando nuestro humor y nuestros apoyos, al mismo vaivén de sus arengas interesadas.

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