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Ramiro Velásquez Gómez
Columnista

Ramiro Velásquez Gómez

Publicado el 26 de noviembre de 2021

Pura bulla

Al comenzar la pandemia, varios países empezaron a trabajar en una vacuna; muchas personas, dirigentes, políticos y gobernantes, se escandalizaron, algunos porque Colombia carece de esa capacidad.

No sabían que hace años se dejó de producir hasta suero antiofídico, tan necesario en estas tierras tropicales. La ciencia nunca ha contado con apoyo.

La creación del Ministerio de Ciencia fue un engañabobos, porque la realidad es bien diferente. En el presupuesto para 2022 aprobado por la Cámara, este sector fue el que más sufrió recortes: 20 %.

Desde Gaviria hasta hoy, pasando por Pastrana, Uribe, Santos y Duque, se les ha hinchado la boca diciendo que la ciencia recibiría el anhelado respaldo.

Palabras vacías, como ocurre con frecuencia. El presupuesto ignora grandes necesidades y se enfoca en lo mismo. Que haya crecido 4 % el rubro para educación está lejos de lo requerido para disminuir el gran cuello de botella en el paso de la media a la educación superior y permitir que más de 300 000 bachilleres accedan a ella cada año.

Las peticiones de los jóvenes que motivaron las protestas de abril fueron ignoradas. Es que ni la paz, a cuyo respaldo se ha comprometido (e incumplido) una y otra vez el presidente Duque, tuvo una asignación suficiente.

El próximo año crecerán las grandes necesidades sociales, porque no se atienden, no se entregan los recursos que garanticen elevar la calidad de vida de millones, facilitando que se mantenga (o crezca) la indignante desigualdad.

Vuelvo a la ciencia. No hay investigador que no se queje por la falta de recursos. Algunos grupos logran apoyo extranjero en trabajos colaborativos o de la empresa privada en temas puntuales, pero el respaldo gubernamental es insuficiente.

Resulta increíble, y lamentable, ese olvido en este territorio de excelsa biodiversidad, organismos que podrían ser empleados para atender infinidad de necesidades humanas y que serían una gran fuente de divisas, esas que en otros campos hacen brillar los ojos de nuestros políticos.

No conocemos la riqueza de nuestros dos mares ni hemos desentrañado los secretos de las tupidas flora y fauna chocoanas y amazónicas, riqueza que se pierde con celeridad por acciones como la deforestación, la extracción irregular de minerales y los cultivos de coca, entre otras.

Para ajustar, andamos atrasados en lo relacionado con el cambio climático, que nos golpea ya y golpeará con más fuerza en dos décadas.

En 2019, al instalar la misión de sabios, Duque prometió llevar la inversión en ciencia del 0,2 % del PIB al 1,5 % en 2022.

No se justifica tanta miopía del gobernante. Ni tanta mentira.

Maullido: taparse los ojos para creer que Medellín es segura 

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