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David Santos Gómez
Columnista

David Santos Gómez

Publicado el 20 de octubre de 2020

Que no se nos olvide

Cuando Donald Trump deje la Casa Blanca el próximo 20 de enero de 2021 y se empiece a escribir la historia de su oscuro mandato, valdrá la pena revisar en nuestra propia política colombiana los nombres de aquellos que aplaudieron sus barbaridades. Tendremos que recordar y mantener siempre presente el listado de áulicos locales que aún hoy, con la verdad irrefutable de un político desquiciado, racista y xenófobo, se empeñan en aplaudir sus maniobras manipuladoras.

Si como prevén encuestas y analistas, los republicanos pierden su reelección a manos de Joe Biden, se soltará una cascada de información sobre la presidencia más cuestionada de la época contemporánea. Se revelarán nuevos secretos y nuevas fuentes entregarán las pruebas de la debacle que significó tener a un showman sin escrúpulos al timón de la primera potencia. Y entonces, algunos de los que hoy retuitean sus insultos y sirven como amplificadores de la extrema derecha, tratarán de mirar para otro lado. Y es ahí cuando tendremos que recordar sus acciones. Su irresponsabilidad debería tener un costo político.

La memoria política es corta. Más en un país como este, acostumbrado al torbellino noticioso que hace lejano al acontecimiento más reciente. Por eso las volteretas de los políticos -que hoy dicen una cosa y mañana hacen otra- pasan indiferentes. Ellos saben que la coherencia no es un adjetivo necesario a la hora de buscar votos. No puede ser este el caso. La vergüenza de la militancia trumpista tiene que ser duradera. Su plan catastrófico para escribir una realidad propia, apegada tan solo a sus intereses y despreciando toda verdad científica, será expuesta, aún más, cuando abandone los escudos que le otorga el poder.

No sé qué dirán entonces nuestros trumpistas tropicales, tan altaneros con su población y sus demandas, pero tan dóciles con lo extranjero y sus exigencias. Quizá preferirán hablar de otra cosa. Intentarán apurar el tiempo para que el olvido les limpie sus cobardías. Entonces ahí estaremos atentos para, en las urnas, recriminarles lo que hicieron. Para mostrarles su pasado de apego al discurso de odio que significó Donald Trump. Y aunque pretendan hacerse los desentendidos, saldrán sus declaraciones altisonantes, sus vítores al racismo, sus espaldarazos a la discriminación. No resistirán el más mínimo archivo.

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