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Dany Alejandro Hoyos
Columnista

Dany Alejandro Hoyos

Publicado el 27 de abril de 2022

Qué pereza hablar de política

El capítulo 843 de las creencias familiares dice que no se debe hablar de política porque eso trae problemas. Por eso, realicé un estudio muy académico acerca de las conductas políticas —estudio realizado en grupos de WhatsApp, redes sociales, dos taxistas y una tía—. Allí surgió una hipótesis que dice que es incómodo hablar de política en nuestra sociedad, principalmente, por tres razones: el miedo a estar equivocados, la ignorancia y la antipatía.

Gadamer, filósofo alemán, definió bellamente el diálogo como “dejarse decir”. Esta bella definición trae implícita la ignorancia. Es la disposición de construir conocimiento con el otro y no de imponer nuestra forma de pensar. Sin embargo, lo común es tener una idea grabada en mármol que no genera el diálogo sino una lucha entre dos imanes del mismo polo.

Para argumentar constructivamente de política es necesario estar informado, leer, buscar, dudar, y al colombiano promedio no le interesa esto. Muchos votan motivados por la pasión, la rabia o el miedo que florecen con la información fragmentada, la manipulación, el nacionalismo y el desconocimiento. Defendemos nuestra idea basados en supuestos, en fakes news que no confirmamos. Muchos dirán: “Ah, pero yo sí estoy informado”. Ojo, informarse no es solamente leer la cadena del WhatsApp o redes sociales. Recuerda que el algoritmo privilegia lo que te gusta y te hace creer que todos piensan como tú y así liberas dopamina por el placer de sentir que tienes la razón.

Qué tal si como ciudadanos responsables estudiamos la hoja de vida de los candidatos, visitamos sus páginas, analizamos sus propuestas, su conocimiento del país, quién lo rodea, vemos debates y, sobre todo, hablamos de política. Pero qué pereza, ¿no cierto? Es mejor que nos digan por quién votar y listo.

Normalizamos la política como una enferma que no tiene remedio. Esta antipatía tiene felices a muchos políticos. Si la gente no se interesa por la política, ellos pueden hacer lo que quieran. No hablamos de política porque no estamos preparados ni queremos estarlo, preferimos dejarles la responsabilidad a otros y esa ha sido nuestra condena. Estas actitudes bloquean cualquier diálogo y producen peleas cada que hay elecciones.

Dialogar es construir criterio, el cual no siempre se forma con la convergencia de las ideas, sino con la argumentación civilizada en medio de la diferencia y el desacuerdo. Obviamente, es placentero sentir que se tiene la razón y que todos están de acuerdo con nosotros, pero hablar con personas cuyos pensamientos y formas de ver la vida son distintos nos confronta y nos hace ver otras perspectivas que cristalizan nuestra idea o la cambian. ¡Evolución!

Aquellos que solo quieren tener la razón no hablan de política, y si lo hacen, se les sube el calor a la cabeza cuando el otro argumenta algo diferente a su creencia. Hablemos de política, dejémonos decir o démosle la razón a Encanto y aquí no se habla de Bruno 

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