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Ramiro Velásquez Gómez
Columnista

Ramiro Velásquez Gómez

Publicado el 24 de enero de 2020

¡QuÉ susto!

Es mentira que la salud en Colombia esté mejorando. A funcionarios, respaldados por los medios, se les llena la boca afirmando que la cobertura es de un 95 %, con más de 47 millones de afiliados al sistema (casi 50 % en régimen subsidiado).

En estos días la prensa hace eco de dineros de la ley de Punto Final cuya intención es cubrir la enorme deuda del sistema, pero que en el fondo solo salda viejas deudas porque el sistema sigue funcionando mal en lo financiero, por diversas situaciones, como la corrupción aterradora que carcome la salud de todos nosotros.

En un documento del Banco de la República, el economista Jhorland Ayala García, escribía hace pocos años cómo “aun cuando una persona esté asegurada (en el sistema), persisten ciertas barreras que pueden evitar que reciba atención médica en el caso de necesitarlo. Algunas de estas barreras relacionadas con la oferta, como la falta de centros de atención o una mala calidad del servicio, y otras relacionadas con la demanda, como la falta de dinero o la necesidad de atención médica percibida por las personas”.

Quienes funcionamos en redes sociales con frecuencia compartimos pedidos de personas que demandan atención urgente para ellas o sus familiares. Son casos comunes.

Para no ir más allá presento estos tres casos conocidos en las últimas semanas y que muestran que no estamos bien.

Uno: un médico fue a entrevista laboral en una EPS y le dijeron: acá se evalúa con frecuencia a los profesionales y quedan los que menos costos demanden, es decir, menos exámenes envíen a sus pacientes y menos remitan a los especialistas.

Dos: en una IPS en un municipio antioqueño atienden las consultas pero hasta una toma de sangre el paciente debe ir a Medellín. Ni se diga de los demás tipos de exámenes.

Tres: en otra IPS en un municipio los médicos son rurales. Bien que tengan la posibilidad de práctica, pero duran pocos meses y los pacientes no tienen continuidad en la atención.

Son tres entre múltiples casos que reflejan la indolencia con la que el sistema concibe a los pacientes. Asusta. Y con seguridad muchos han sufrido las consecuencias nefastas de una atención deficiente, centrada además en los rendimientos económicos.

¿Cómo será la situación en municipios más alejados y pequeños?

No, en salud no
estamos bien.

Maullido: la ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación es incompetente para ejercer su cargo. Así de sencillo.

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