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Fernando Velásquez Velásquez
Columnista

Fernando Velásquez Velásquez

Publicado el 03 de junio de 2019

QUE TAMBIÉN RENUNCIE EL FISCAL GENERAL ENCARGADO

Conocido tanto el informe remitido por el exfiscal general ad hoc, el Dr. Leonardo Espinosa Quintero, a la Corte Suprema de Justicia –en el cual da cuenta, en forma detallada, de su gestión y sus muy significativos avances en relación con las líneas de investigación del caso Odebrecht, que se le había confiado el pasado mes de diciembre de 2018–, como la insólita diligencia realizada el martes 21 de mayo por parte del nuevo fiscal general encargado, el señor Fabio Espitia Garzón, quien, como se recordará, llegó de forma inicua acompañado de hombres armados a las dependencias donde laboraba el primero para desalojarlo y llevarse las diligencias, las voces de indignación crecen como espuma a lo largo y ancho del país.

Primero, a través de las redes sociales el senador Jorge Enrique Robledo –siempre comprometido con la verdad– le preguntó a ese servidor público: “¿quién ordenó que el CTI allanara las oficinas del Fiscal ad hoc?”, hecho que calificó como “muy grave”. Luego, el humorista “Matador” –cuyas publicaciones son verdaderos editoriales– el pasado 25 de mayo divulgó dos viñetas, una intitulada “Despedida de quinta al fiscal ‘ad hoc’” y, la otra, “Sherlock Holmes ad hoc”. Esto, para no mencionar las voces de rechazo a tan grosero procedimiento escuchadas en todos los medios y que apoyan la tarea de Espinosa Quintero, quien por su valía y arrojo se ganó la admiración del país.

Pero la persecución encabezada por el fiscal general encargado –cuya designación en muy mala hora fue avalada por la Corte Suprema de Justicia– también se ha hecho sentir cuando se trata de los servidores públicos que acompañaron al investigador sacrificado, a quienes se les ha maltratado y perseguido, al punto de que con tal motivo se escucharon expresiones como “nos desmantelaron”, “nos han tratado como animales de la peor ralea” y “nos hicieron sentir como delincuentes”, etc.

Así las cosas, queda muy claro que la tarea de Espitia Garzón era golpear muy fuerte esta endeble estructura judicial que –pese a las mil trabas a las que fue sometida durante su breve funcionamiento por la propia Fiscalía, incluidos el ocultamiento de información, las dilaciones, las amenazas veladas o explícitas, etc.–, en muy poco tiempo logró avances significativos para el esclarecimiento de los hechos y que, ahora, se quieren silenciar a como dé lugar, porque la consigna de Martínez Neira y su “hombre fuerte”, quienes se supone cumplen los designios de otros, era y es silenciar este bochornoso y vergonzoso episodio de corrupción, porque en Colombia –a diferencia de otros lares– ellos no quieren que pase nada, porque son muchos los comprometidos.

Así las cosas, una vez evidenciado lo que sucede, el país entero (a través de honestos servidores de la justicia, acompañados de la academia, los gremios y los colectivos sociales) se tiene que movilizar para pedir la renuncia inmediata del actual fiscal general encargado porque su conducta es muy reprobable (de un lado, porque tiene tintes de un verdadero abuso de autoridad; y, del otro, es el vocero de una administración muy cuestionada), otro tanto deben a hacer los colaboradores directos de Martínez Neira involucrados; y, por supuesto, se le debe exigir al presidente de la República que, a la mayor brevedad, conforme una terna de personas muy probas, independientes y capaces, para que la Corte Suprema de justicia –que también está obligada a actuar con prontitud y rectitud– elija al nuevo funcionario que se encargue de llevar las actuaciones ya dichas y otras de igual gravedad hasta sus últimas consecuencias.

El país no quiere más dilaciones, chivos expiatorios, novelones, mentiras, y verdades a medias, por lo cual quienes están impedidos deben apartarse de inmediato y dejar despejado el camino; ahora, pues, está en riesgo toda la institucionalidad y si la administración de justicia no es reconducida por los senderos del estado de derecho, de forma indefectible va a colapsar.

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