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Alejo Vargas Velásquez
Columnista

Alejo Vargas Velásquez

Publicado el 09 de noviembre de 2020

¿Qué tanta credibilidad tienen los partidos?

Algunos sondeos de opinión, como gran noticia, señalan que los colombianos ya no se sienten identificados con los partidos políticos y de ahí algunos deducen que ya los partidos están en plan de desaparecer. Lo anterior me sugiere una serie de reflexiones, que quiero compartir con los lectores y que considero son importantes. Entre otras cosas porque ese tipo de discursos son periódicos y allí se aplicaría el adagio que dice ‘aquellos muertos que vos matáis gozan de buena salud’, pero además, parecería ser una apología al individualismo en la política, que me parece, además de exagerado, peligroso.

Empiezo señalando que la política en todas las sociedades es un ejercicio, por esencia, de grupos sociales organizados; lo otro sería creer que es la acción de “mesías o salvadores” que van a resolverle, ellos solitos, los problemas a los demás. El actual ejemplo de la elección norteamericana, para hablar de lo más reciente, nos muestra que son las organizaciones políticas partidarias, no grupos de ciudadanos “a la loca”, quienes hacen las propuestas políticas para proponerles a los ciudadanos, a los electores, desarrollan la actividad proselitista, estimulan y organizan las elecciones y una vez conquistado el triunfo electoral, contribuyen a la formación de los gobiernos. Como lo señala un colega chileno, hasta el momento no nos hemos inventado nada que pueda sustituir el “momento partidario” de una democracia.

En todas las sociedades es fundamentalmente a través de organizaciones partidarias que se presentan las listas de candidatos para conformar los cuerpos de representación popular –concejos municipales, asambleas departamentales o congreso de la República-, igualmente se escoge y se presentan los candidatos a la Presidencia de la República; en nuestro caso se puede, después de la Constitución de 1991, presentarse a través de un grupo de ciudadanos que firman una solicitud de inscripción, pero que establece la posibilidad de un presidente elegido sin un Congreso mayoritario que lo apoye, lo cual es un estímulo a las “negociaciones” que paradójicamente es lo que llevaría a algunos a apoyar estos candidatos por firmas, que luego para poder gobernar van a tener que hacer acuerdos con los elegidos por los partidos políticos.

Considero, entonces, que no hay duda que los partidos políticos son necesarios para la actividad de la representación política. Otro tema es si este o aquel partido político no me genera confianza como ciudadano y allí entonces, en una democracia pluralista como lo es la nuestra, encontramos una variedad de posibilidades partidistas que tienen los ciudadanos, no necesariamente para vincularse a los mismos como militantes, pero sí van a tener los ciudadanos, en las listas de candidatos de un partido político, las afinidades de programas o propuestas o la credibilidad para inclinarse a votar por una u otra opción política; la mayoría de los analistas de partidos consideran que los militantes o ese “núcleo duro” de un partido, siempre son una minoría, pero indispensable porque es gracias a su actividad que los partidos sobreviven.

Entonces concluyo dos cosas, la primera, es verdad que los partidos políticos no han gozado de buena opinión o “buena prensa” y se les ha asimilado siempre a las prácticas corruptas y seguramente las ha habido –pero igual hemos visto a tecnócratas y empresarios privados cayendo en ellas-: la segunda, no se debería confundir la fatiga con algunos partidos políticos para lo cual la solución sería que los ciudadanos crearan otros partidos más a tono con sus preferencias, con la inutilidad de los partidos políticos.

En fin, considero que es temprano para darles sepultura a los partidos políticos; creo que nos van a seguir acompañando por un buen trecho.

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