Era un joven inquieto y ambicioso. En casa de sus padres no había luz eléctrica y la familia prefirió que se quedara con su abuela, donde su madre lo parió. Terminado el bachillerato, ingresó a la Academia Militar.
En el ejército descubrió sus dotes de liderazgo y gracias a un par de lecturas que le recomendaron unos compañeros de armas, comprendió que su destino era mandar y defender las ideas de la izquierda: en 1982 creó el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200. Empezaba el Chavismo.
Diez años después Venezuela enfrentaba una de sus peores crisis económicas. Excusa genial para que un grupo de militares, liderados por un Teniente Coronel completamente desconocido, dieran un golpe de Estado. Este fue rápidamente neutralizado y sus caudillos apresados, incluido su principal promotor, Chávez. Lo que no logró el golpe, lo hizo de forma pacífica la democracia y la crisis: el presidente Carlos Andrés Pérez se vio forzado a renunciar.
Rafael Caldera, quien en su primer mandato (69-74) había amnistiado a los grupos guerrilleros, es elegido nuevamente presidente (94-99) y nombra como Ministro de Planificación a Teodoro Petkoff, uno de los guerrilleros amnistiados años atrás. Petkoff es hoy Editor del Periódico Tal Cual y doloroso reconocerlo: entre los negociadores de la guerrilla en La Habana nadie le llega a los tobillos.
Con el fin de lograr el respaldo político de la izquierda, Caldera libera a Chávez y a todos sus compañeros, con el compromiso de que renuncien al Ejército. La encuesta del día siguiente y las próximas elecciones son con frecuencia los móviles en la toma de decisiones de los políticos, descuidando las consecuencias en el mediano y largo plazo. Nunca un indulto, concedido en breves minutos, había costado tantos años de atraso a un país.
Era aún un niño cuando sus padres decidieron buscar mejor futuro y emigraron de la cálida Ciénaga de Oro a la gélida Zipaquirá. Parece que el cambio climático lo afectó: no había cumplido los 18 años cuando se enroló en el M-19. Más de 10 años en el EME sin logros importantes, fuera de los publicitarios, convencieron a Petro y sus compañeros de la conveniencia de entregar las armas. Inteligente y ambicioso, con educación privilegiada, nunca pudo entender, como tampoco lo entendió Chávez, que gobernar implica buscar consensos, respetar la posición del contrario, construir opinión. Pero cuando se hace carrera con un fusil en la mano, para qué desgastarse buscando consensos. Nunca un amnistiado había significado tanto abandono y atraso para una ciudad.
La equidad solo la alcanzaremos si logramos mejoras significativas en educación, justicia, salud, infraestructura y poniéndole coto a la corrupción. Es lo que no supo hacer Chávez en medio de la mayor bonanza de la historia de Venezuela y fue incapaz de hacer Petro, con unos ingresos nunca vistos en la capital.
Al lado de los guerrilleros en La Habana, Petro es Caperucita Roja. Los desmanes y crímenes que pudo haber cometido, eran juego de niños al lado del historial de las Farc.
Nadie en Colombia debería estar en contra de las negociaciones de paz. Pero no poner condiciones a quienes estando fuera de la ley se quieren reintegrar, tenderles una alfombra a los guerrilleros más sanguinarios que ha conocido América Latina, podría significar el mayor retroceso de nuestra historia.
Nota: el Foro Mundial de la Bicicleta fue el evento de la equidad: durante cuatro días jóvenes de los estratos 1 al 6 trabajaron juntos en busca de ciudades más amigables, justas y ecológicas, que brinden mejores oportunidades para todos.