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Ramiro Velásquez Gómez
Columnista

Ramiro Velásquez Gómez

Publicado el 14 de febrero de 2020

Recalentados

Decisiones erradas, omisión e ignorancia, hacen que en Medellín y la región metropolitana central y urbana los habitantes estemos cada vez más expuestos a olas de calor sofocantes que pueden llegar a ser mortales para personas desprotegidas.

El verano de estos días es agobiante. El Colombiano reveló que la temperatura de la ciudad creció 1,7° C en los últimos 50 años. Sube 0,35° C por década.

El llamado efecto isla de calor, temperatura más alta en la zona urbana por la conversión de áreas verdes en piso duro, el aumento de las edificaciones y la aglomeración vehicular.

En el centro, donde se atiborran edificios, vehículos y asfalto la sensación térmica en días muy calientes puede ser 4° C mayor que en otros sectores, pero en general en toda la región central la temperatura sigue al alza.

Creemos que las olas de calor como las que mataron 35 000 europeos en 2003 solo se dan en otras latitudes. No, ya son un nuevo normal planetario.

Como recordó en Forbes Marshall Shepherd, experto en el tiempo y el clima, a esta situación de por sí preocupante, se debe sumar el aumento de la global temperatura. Estamos asediados por dos fenómenos que incrementan el calor que sentimos nosotros y los demás organismos vivos.

Y las ciudades donde vivirá la mayor parte de la población, no hacen más que acrecentar el problema, explicó David Wallace Wells en El Planeta Inhóspito.

En Medellín y el Aburrá cada vez estaremos más expuestos a este calor insoportable y mortal. Al menos tres situaciones repetitivas sugieren una respuesta equivocada por parte de la autoridad y además lenta en la generalidad de las veces.

Uno: la siembra de árboles donde no se necesitan tanto, aunque no es que no hagan falta: en el área rural. La urbana no recibe más que el 15 % de lo que se siembra y acá es donde se alza el calor y vive la gran mayoría.

Dos: la continua tala del arbolado urbano para toda clases de obras, escudándose en una mayor compensación, invisible, porque el árbol joven no remplaza los viejos, se compensa en zona rural o nunca se hace sino que se transforma en dinero para sembrar más cemento y asfalto.

Tres: la creciente cementación: intercambios, ampliación de calles, edificios poco sostenibles, con frecuencia sacrificando zonas verdes.

Continuemos hipotecando el futuro de nuestros hijos y nietos. Y sigan creyendo que somos inmunes.

Maullido: qué mal ejemplo que gobernantes y políticos no paguen impuestos.

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