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Francisco Cortés Rodas
Columnista

Francisco Cortés Rodas

Publicado el 24 de noviembre de 2020

Semana y la posverdad

Mientras que los Estados Unidos rechazan el populismo y empiezan a reorganizar las estructuras políticas e institucionales establecidas mediante la articulación del liberalismo y la democracia, Colombia, de la mano de un populismo de ultraderecha, se prepara para convertir la crisis que afronta el Acuerdo Final en algo así como la “solución final”. Como resultado del incumplimiento de los acuerdos, de la incapacidad del gobierno para ocupar con instituciones del Estado las zonas que dejaron las Farc, se está produciendo en estas regiones un impresionante rearme de miles de excombatientes, y el asentamiento de nuevos grupos criminales pertenecientes a las mafias del narcotráfico, la minería ilegal, los cuales con su accionar cada vez más violento están llevando al país a una nueva guerra política. Estamos ad portas, si no se actúa rápidamente en pro de la perspectiva de la paz, de que se inicie un tercer ciclo de violencia, que afectará a las próximas dos o tres generaciones (Francisco Gutiérrez, 2020). Y lo grave es que hay mucha gente, de la sociedad civil, la política, los gremios y los medios, que está atizando el fuego.

En este contexto se produce el giro hacia la derecha, que acaba de dar la Revista Semana que fue desde su fundación un medio para el periodismo crítico y autónomo. Ese giro tiene que ver claramente con lo que están haciendo los atizadores del fuego de la guerra y con la función que, según Gabriel Gilinski y Vicky Dávila, debe jugar Semana en el proceso de poner al país una vez más frente a una nueva guerra política.

Y quién mejor para dirigir esta empresa que la periodista Vicky Dávila, una mujer de armas tomar, que no se amedrentará ante nada ni nadie para cumplir ese propósito de darle voz a los atizadores. Ella es la mejor representante del periodismo de la posverdad, que podemos definir como aquel que cae en la trampa de la facilidad, “porque pierde el sentido de la perdurabilidad, de las cuestiones esenciales, y de contentarse demasiado fácilmente con los comentarios sugeridos por los acontecimientos” (Aron, 2019). Es una periodista sin mundo espiritual, acosada por la primicia, tan emotiva que su castizo lenguaje se vuelve un barrizal de vulgaridades si alguien la contradice, no es admiradora sino ciega apasionada de Uribe. Y destaca además por lo mal que escribe.

¿Qué hacen los medios cuando su orientación no es más la formación de una opinión pública crítica sino el ocultamiento de los hechos, convertir la mentira en verdad? Vicky Dávila podría decir: la mentira, usada como instrumento de poder y manipulación social, es cosa vieja. Pero, la posverdad, escribe el historiador Carl Ginzburg, es un término referido a situaciones en las cuales los hechos objetivos tienen menos influencia en la formación de la opinión pública. Conocemos de sobra cómo ha procedido en sus programas de radio dándoles resonancia a quienes representan los intereses de aquellos grupos que le apuestan a la guerra, y cómo convierte los hechos objetivos en algo marginal.

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