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Arturo Guerrero
Columnista

Arturo Guerrero

Publicado el 23 de octubre de 2019

Sentarse a comer juntos

De la extenuada democracia, nos queda el voto. Sus demás atributos se han ido derrumbando a golpe de populismos, noticias falsas, tamales, políticos extremos con ansias de eternizarse. Las generaciones nuevas miran para otro lado. Los viejos están carcomidos de desengaños.

No obstante, todavía se puede ir al centro de votación y plantar una papeleta marcada con preferencias. Alguien la vigilará, alguien la contará, alguien calculará con sumas y restas. Quién quita que se presente una avalancha, un acuerdo sigiloso que dé resultados sorprendentes para los asesinos de la democracia.

En ese caso no valdrán las mil marrullas, quedarán como fraudes sin garra. Será imposible tapar el sol con un dedo. El abultado acuerdo de las mayorías a favor de los candidatos sin mancha y con norte conseguirá por fin cambiar la trayectoria pública.

¿Qué se requiere para que aparezca este asombro? Que muchos se hastíen de haber sido convidados al club de la pelea. Y que en las casas se llenen las sillas alrededor de los majares para los que todos pusieron un grano de arroz, de fríjol, un aguacate.

Así lo pintó desde la antigüedad griega el historiador Plutarco: “no nos sentamos en la mesa para comer, sino para comer juntos”. Lo cual equivale a decir que no vivimos para vivir, sino para convivir. La democracia se inventó justamente para hacer viable y fácil en lo público la cotidianidad en lo privado.

Tal vez la mayor necesidad social sea hoy vincular esas dos dimensiones, la privada y la pública. Comer sin compañía nutre, pero no alimenta. El estómago urgido de quienes se sientan con el plato solitarios se sacia de proteínas y vegetales, pero queda vacío del significado de la vida que se restaura.

Por eso los sitios de comida fuera de casa se llaman restaurantes, intentan restaurar el sentido que se ofrece en los hogares compartidos. Entender este vínculo es lo que requiere una sociedad asqueada de políticos. Es también lo que hará posible la maravilla de un uso masivo y juicioso de los votos.

Así que en tiempos electorales podrían surgir iniciativas para invitar a los que comen solos. Para volver a saber de las muchas tribulaciones y escasas victorias de los familiares, amigos, conocidos. Para conspirar hacia el voto verdadero, mientras todos se sientan a comer juntos.

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