<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
José Guillermo Ángel
Columnista

José Guillermo Ángel

Publicado el 28 de diciembre de 2019

SOBRE AMBIENTES RUIDOSOS

Estación Parlante, en la que suben el volumen al aparato de sonido al punto de romper cualquier papel y, entonces, lo que se decía o cantaba, rezaba o sonaba, se convierte en ruido (en los muchos decibeles que golpean el interior del oído) y los que están en frente ya no hablan, sino que abren las bocas como si sintieran alguna enjuagadura adentro, váyase a saber si de bicarbonato, jabón o jugos gástricos. Y en esta estación trepidante y delirante (no sé si el infierno suena así), se juntan los despechados, los que estrenan discos nuevos (no falta el reguetón, la música máquina y el rap continuado), los que se apoderan de la calle con sus fritangas y menjunjes, los que asustan gatos y ratones (los perros son más pacientes y lacrimosos), los insomnes y hasta las ánimas del purgatorio que están cumpliendo pena y a falta de candela el ruido es sucedáneo para el castigo.

La ciudad se ha vuelto ruidosa y no hay carro (quizá los eléctricos se salen de esta clasificación) y motos que no suenen, buses que no truenen y camiones que no bramen o barriten, todos por la misma vía, en primera y contaminando, acelerando y, si es el caso y como pasa a cada rato, pitando para que los otros se muevan sin poderlo hacer, pues las calles se han vuelto embudos, las avenidas un maremágnum, el calor del concreto un crescendo y los que venden sus productos colaboran con sus altavoces, gritando tamales, mazamorra, mangos, compro computadores y neveras viejos, en fin. Y esto es lo de a diario, lo que incluye también a quien lava el carro haciendo sonar los parlantes como si estuviera anunciando un circo o la llegada de alguno de los tantos mesías, todos pidiendo dinero o engañando.

Pero llegadas las fiestas (y aquí siempre es fiesta), quizá por el calor o por la necesidad (o aberración) de colaborarle al ruido ambiente, muchos se van tomando la tarde y luego la noche con sus parlantes. Y bueno, el ruido sale de las puertas de las casas, de las discotecas, de los aparatos de radio, y se toma la calle obligando a que nadie duerma (ya no sirven ni los tapones industriales, los algodones menos) y entonces lo que sería alegría ya no es más que bulla, delirio y ojos enrojecidos.

Acotación: es claro que el Caribe es un espacio ruidoso, váyase a saber si a causa de alguna sordera porque se desconozca el silencio o simplemente por la algarabía en la que se vive, se piensa y actúa, en la que el orden ha sido reemplazado por el desorden, la alegría natural por la catarsis y la noche por una invasión de los demonios. Y se dirá que exagero y sí, lo hago, porque de tanto ruido yo acabo por hacerlo, subiendo el volumen.

Porque entre varios ojos vemos más, queremos construir una mejor web para ustedes. Los invitamos a reportar errores de contenido, ortografía, puntuación y otras que consideren pertinentes. (*)

 
¿CUÁL ES EL ERROR?*
 
¿CÓMO LO ESCRIBIRÍA USTED?
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS

Datos extra, información confidencial y pistas para avanzar en nuestras investigaciones. Usted puede hacer parte de la construcción de nuestro contenido. Los invitamos a ampliar la información de este tema.

 
RESERVAMOS LA IDENTIDAD DE NUESTRAS FUENTES *
 
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Teléfono
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS
Otros Columnistas

Aplausos y pitos

$titulo

DONACIÓN DE BIBLIOTECA
La biblioteca del fallecido periodista Javier Darío Restrepo, irá a la Universidad Minuto de Dios, en Bogotá.

$titulo

PABLO ARMERO
De nuevo, el exjugador de fútbol se ve envuelto en líos por infracciones de tránsito, esta vez en Cali.