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José Guillermo Ángel
Columnista

José Guillermo Ángel

Publicado el 16 de marzo de 2019

SOBRE CALORES Y CALENTADOS

Estación Termostato, en la que se miden temperaturas, puntos de crisis y caídas de energía, evidenciando también quemones, fusibles fundidos, intentos de corto o resultados peligrosos a consecuencia de chispas indebidas. Y es que a Termostato, nombre que podría servir para definir a un dios variable o a un dictador que ejecuta y legisla según haya dormido o a las pesadillas de las que logró salir (o saltar), llegan los asoleados, los que se parecen a los beduinos que no han bebido su té hirviendo y los tuaregs que esconden la cabeza en un trapo azul oscuro, los turistas recalentados que lucen gafas ahumadas y los que son como una sopa que no para de hervir y al final se seca, produciéndole un roto a la olla por exceso de calor. Y en esta danza de salamandras (animales que atraviesan los fuegos), hay chamuscados y quemadores, gente que mira el incendio y queda como la mujer de Lot (convertida en estatua de sal). Y los que cantan como Nerón, que poetizó el incendio de Roma, viendo arder la situación por todas partes.

Y en esto de calores y quemones, los hay físicos (que pueden apagarse con agua, arena y elementos químicos) y mentales, siendo estos últimos los peores porque contienen emociones desbordadas, deseos no cumplidos en los que se persiste, mentiras que no lograron su punto de cocción para parecer verdades, ideas quemadas, conciencias que tocan los infiernos y muchos diablos que no paran de cargar rabias, envidias, descontroles, enemigos inventados, palabras que se contradicen y diablitos varios que no paran de picar lo que sobra y que son los que más se sienten, pues ya no vienen de arriba sino que se mueven por debajo (en las escaleras, las calles, el interior de apartamentos) en condición de justicieros, fanáticos y cazadores de herejes.

En esta América Latina (que se llamó de las Indias y a las que llegaron los diablos en las carabelas para darle más calor a estas tierras), los calores políticos no han parado de hacer de las suyas. Patriarcas otoñales, supremos delirantes, presidentes vitalicios que sueñan con seguir gobernando muertos, excelencias malolientes, Facundos desbordados, tiranos abanderados, mesías acalorados, predicadores de estulticias y más crías de esta gente, han tratado de crear (o descrear) un continente que, por su condición de agua hirviendo, todavía no se sabe qué es y, por esto, cada cual coge su tizón y arma su llamarada. Y ahí vamos, ardiendo y frescura por ninguna parte.

Acotación: que somos gente de pensamiento caliente, es algo que heredamos y seguimos practicando. En Antioquia el asunto se llama neura, en el Caribe picada de mosco y, en el resto del continente, fiebre. Y en la neura, la picada y la fiebre, queremos pensar creyendo que quien hace sonar más duro la trompeta es quien mejor baila. Y sí, bailamos..

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