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José Guillermo Ángel
Columnista

José Guillermo Ángel

Publicado el 10 de agosto de 2019

SOBRE EL DÓLAR CARo

Estación Devaluación, habitada por rumores sobre lo que va mal, maldiciones justificadas, sequedades en la boca, aumento en deudas por pagar, gente haciéndose preguntas sobre el Ministerio de Hacienda (obteniendo respuestas que son groserías), teorías económicas que no funcionan, plazos que se vencen, acaparadores de dólares con algunos tan viejos tan viejos que todavía tienen la cara de Jackson (claro que valen), compradores de deudas, depresivos tomando sus pastillas etc. Y en esto de la devaluación, que es cuando nos enteramos que no tenemos industria y por eso dependemos de importaciones, las caras se alargan, el ministro de Hacienda dice mentiras hablando de causas desconocidas y ya, en esto de encarecimientos por venir, valen poco los goles de James Rodríguez o las carreras de Egan. Con la correa apretada, solo se hacen gestos, los cachetes se inflan y las ganas de morder se crecen.

Cuando un país es más importador que exportador, depender del dólar es un peligro. Es algo así como alumbrarse con la mecha de una bomba. Y se depende del dólar cuando no hay independencia alimentaria (cada vez en los supermercados se ven más alimentos importados, incluso frutas como naranjas, de esas que han recibido el tratamiento de Monsanto, o sea que son más bagazo que jugo), o se carece de un margen industrial amplio para producir artículos y piezas que se necesitan. Y en esta carestía (que incluye la de inteligencia del Estado), el costo de la vida sube sin ninguna prospectiva. Y si los prospectos no se controlan, el futuro es una tirada de naipes.

El dólar, que en las últimas décadas ha sido una moneda muy golpeada, se devalúa devaluando a los países que dependen de esa moneda para sus importaciones. Esto ya lo intuyeron los rusos que decidieron negociar mejor con sus propios rublos, debido a la estabilidad de esta moneda. Y supongo que los chinos andan en lo mismo, aunque parece que su método es el trueque. Sabemos que de Venezuela no se van porque no se pueden llevar la tierra con la que les pagan. Pero esto no viene a cuento ahora. En este momento, las políticas de Hacienda (tan alcabaleras y destructoras de la clase media) deben mirar hacia la producción interna de alimentos y la creación de industrias que generen empleo y mejoren los aprendizajes técnico-mecánicos, eléctricos y químicos. Si esto no pasa, el dólar nos desayunará, almorzará y comerá. Y ya se sabe: el resto acaba en el sanitario.

Acotación: Mientas a los puertos lleguen barcos llenos y salgan a medio llenar, el negocio termina siendo producir lo que no es legal. Y esto pasa cuando preferimos el humo de las unidades móviles contaminantes al de las industrias que no se mueven y contaminan menos. Igual acontece con la deuda, pues preferimos deber y aguantar a ser un país libre y autosuficiente.

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