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José Guillermo Ángel
Columnista

José Guillermo Ángel

Publicado el 21 de enero de 2023

Sobre el ser político

Estación Sociedad, a la que llegan ciudadanos cansados de tanta información malintencionada, estadistas que más parecen ranas por los saltos que dan, partidarios políticos que semejan estar en guerra y si no hay argumento hay insulto, estudiosos de situaciones futuras de acuerdo a tendencias que se arman y desarman como rompecabezas baratos, candidatos que repiten lo mismo con sus propuestas hámster, ensayistas que arman telarañas y más que claridad abren agujeros negros, analistas de red que para explicar algo dan vueltas como si estuvieran en un trapecio (o antes de ir al meollo explican qué animal fantástico tienen en frente), economistas con análisis tan cambiantes como el dólar, gente que busca clics creando memes, cantantes que desahogan sus desamores, pastores que hablan de los castigos de Dios y la presencia del diablo cuando la cuestión es de género o de retardo en los diezmos, en fin, la estación sociedad se llena y allí tiembla y llueve, hace un sol que arde y aumenta la contaminación.

La sociedad es un pacto que hacemos para ser socios, es decir, para crecer juntos y establecer normas para fomentar desarrollos que nos permitan vivir con dignidad haciendo lo necesario con el buen uso de los recursos que tenemos. Y en esta sociedad está lo político, que es el cuidado del otro como semejante. Y lo político organiza, civiliza y crea una cultura del buen vivir. Pero pareciera que estos principios, que vienen desde Pericles (siglo V a.e.c), se difuminan más que actúan. Y en esta difuminación (que se ha vuelto contaminante), hemos perdido conceptos de acción como democracia (el gobierno menos malo de todos), civilidad (saber vivir en ciudades) y trabajo en común para la creación de estructuras económicas productivas.

Pero estamos muy locos (un extraterrestre diría esto) y el ser político pareciera ya no existir entre nosotros. El bienestar político (algo que de alguna manera siguen teniendo claro los clanes de animales) ha dejado de cumplir su objetivo (el bien común por encima de lo particular) y, en esta pérdida, los diálogos no funcionan, los enfrentamientos aumentan y la mentira (o la propaganda) campea libre creando desazón social, grietas en la confianza que debe generar el Estado y un sentimiento enorme de soledad, siendo esta un Yo que se defiende (alterado) y no un Nosotros que da seguridad. Políticamente estamos quebrados, hay pelea antes que debate sesudo y los intereses peligrosos (la guerra en Ucrania es el ejemplo) aparecen a la vuelta de la esquina. Y en estas estamos, navegando mal en el laberinto y sin un hilo de Ariadna para salir de él.

Acotación: La política no es emocional, es racional. Por eso existen el Derecho, la Economía, la Educación y las sociedades viables. Y el ser político es creer en la vida y no moverse por ella como un animal aporreado, que daña y se daña

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