<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
José Guillermo Ángel
Columnista

José Guillermo Ángel

Publicado el 07 de septiembre de 2019

SOBRE HUMÉRICA LATINA

Estación CO2 en Abundancia, lo que no solo sería bióxido de carbono por montones sino también Centros de Ocultamiento al cuadrado, que no solo son humo sobre lo que pasa sino también estrategias para ocultar cosas y hechos que se pierden entre los humos misteriosos de algún templo dedicado a Kali, la diosa hindú de las muchas manos y brazos. A esta diosa, que algunos dicen que representa la maldad y otros que las habilidades para que de una situación se pase a otra entre inciensos y fuegos varios, parecieran adorarla los pirómanos que encienden los bosques o queman documentos, los que retocan pensamientos al calor, los que tosen para disimular y los que piden misericordia porque el infierno está cerca; los proveedores de quemones y los que tratan de apagar incendios con material más combustible. Y en medio de esta humareda, buena parte del continente suramericano (Thomas Jefferson dijo que los americanos eran los estadounidenses y nosotros quedamos como sudacas) arde por las cuatro puntas en medio de todo tipo de discursos incendiarios, cenizas que sueltan chispas y gente que reza prendiendo veladoras y hasta capítulos enteros de Biblias.

Que América Latina (lo que esto sea, pues aún no se define) sea una humareda continuada, lo sabemos desde que Faustino Sarmiento escribió Facundo, ese libro incendiario que describe las luchas entre la civilización y la barbarie, las subidas y caídas del poder, el espíritu caliente de los más variados dictadores (Alfredo Iriarte describió un bestiario tropical) y unas democracias que más parecieran una sartén con aceite hirviendo, pues quien entra en ellas sale ardido o arde mientras gobierna. Y así, en esta historia que todavía no se escribe bien, habitamos el humo y los infiernos políticos más variados en medio de un calor que crea una increíble biodiversidad.

No sé si en el principio de los tiempos todo era humo (se habla de una gran explosión inicial) y por ello los adoradores lo usan como parte del inconsciente colectivo. Lo cierto es que el humo, que los pieles rojas usaban como medio para comunicarse, ha servido también para crear barreras, generar confusión y hablar de diversos Apocalipsis, cercar a los enemigos, generar ideas de progreso en las nuevas ciudades (chimeneas y mofles), decir que los fumadores son los culpables y hacer que las abejas salgan de sus colmenas para quitarles su miel. Sea como sea, en la humareda estamos y toser ya es como respirar.

Acotación: Por estos días de tantos humos continuados (la contaminación es ambiental y moral), la historia se desdibuja, la realidad se fragmenta para que haya más rating, los intereses se queman unos a otros y por cualquier cosa se arma un incendio. Y claro, como animalitos del bosque que pierden su hábitat, vamos de un lugar a otro sin saber dónde estamos. Y solo sabemos que arde el ambiente.

Porque entre varios ojos vemos más, queremos construir una mejor web para ustedes. Los invitamos a reportar errores de contenido, ortografía, puntuación y otras que consideren pertinentes. (*)

 
¿CUÁL ES EL ERROR?*
 
¿CÓMO LO ESCRIBIRÍA USTED?
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS

Datos extra, información confidencial y pistas para avanzar en nuestras investigaciones. Usted puede hacer parte de la construcción de nuestro contenido. Los invitamos a ampliar la información de este tema.

 
RESERVAMOS LA IDENTIDAD DE NUESTRAS FUENTES *
 
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Teléfono
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS
Otros Columnistas

Aplausos y pitos

$titulo

MARIO ALBERTO YEPES

El nombre del exfutbolista como nuevo director deportivo de la Selección Colombia fue muy bien recibido.

$titulo

VÁNDALOS, LIBRES

En Bogotá, fueron capturados destruyendo en flagrancia, plenamente identificados... pero quedaron libres.