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José Guillermo Ángel
Columnista

José Guillermo Ángel

Publicado el 16 de abril de 2022

Sobre la necesidad de la pascua

Estación Creencias, a la que ahora llegan los judíos (sean ortodoxos, conservadores o reformistas) con sus cajas de matzá (pan ácimo), el vino kásher (puro) y sus haggadot (relatos sobre la pascua); los cristianos (católicos y protestantes), con aceptación de la muerte y resurrección de Jesús, y, de alguna manera, los musulmanes que cumplen con el Ramadán, pues en este ayuno se conmemora la Laylat al qadr (la noche del destino), que es cuando comienza el año en el Islam, con la voluntad de Alá.

Para los judíos, la pascua (Pésaj) es una festividad de liberación: hablan sobre las plagas en Egipto y cómo salieron de allí dejando de ser esclavos para ser gente libre. Entre los católicos, una fiesta del paso de la oscuridad a la luz y de lo incumplido a lo cumplido. Y, seguramente, algo parecido pasa en las otras confesiones, pues la Pascua, en términos antropológicos (y de acuerdo con el hemisferio norte), es el paso del invierno a la primavera, de la sequedad de la tierra a los días de la siembra. De una tierra muerta a una que comienza a vivir.

Sean las que sean las creencias, en la historia espiritual de los hombres y las mujeres la necesidad de saber que reviven es una constante y para ello escogen un tiempo de florecimiento. Pero revivir no es aparecer de nuevo, sino plantearse la vida, la que se llevó y la que se llevará. La oscuridad plantea esclavitud; la iluminación, libertad. Pero, a la vez, los fundamentos que se han tenido y no se han perdido. En el judaísmo, por ejemplo, en el séder de Pésaj (la cena pascual) el mayor tendrá sobre sus muslos al menor, indicando así que un buen pasado con las normas cumplidas asegura que el futuro será bueno. Y como en esa cena todos están reunidos, lo bueno será para todos.

La Pascua es una intención de renovación, muy necesaria en estos días de pandemia, guerra y escasez. Una intención que no solo toca los marcos religiosos, sino que va más allá, pues parar, reflexionar y continuar siempre ha sido un acto de inteligencia. Y así se diga que la base de estos rituales carece de soporte histórico (que son meras historias, literatura), lo cierto es que descansan más que unas vacaciones y llevan a que nos veamos unos a otros y nos preguntemos en qué estamos. La Pascua, para quien la cumple, eleva la estima, permite ver más claro e incita a la hermandad, al trabajo en común y a una mejor visión colectiva. Creo que Erich Fromm decía: si no crees, al menos practica.

Acotación: Jag Pésaj Saméaj (que haya una buena pascua). Y si, como dice el Talmud, el mundo se sostiene sobre 36 justos de todas las naciones, ser uno de esos justos bien vale la pena 

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