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José Guillermo Ángel
Columnista

José Guillermo Ángel

Publicado el 15 de enero de 2022

Sobre la ómicron

Estación Dosis, a la que llegan triple-vacunados, doble-vacunados, mono-vacunados, primerizos mirando de reojo y gente que pide la cuarta vacuna (que aún no está autorizada), a los que se puede llamar relapsos o, en términos médicos, mayores con morbilidad y en estado permanente de peligro. Hasta aquí la teoría. Pero en la fila están también los antivacuna (algunos con inciensos y cuadros de Rudolf Steiner en la mano) y los que tiran a cara o sello la vacunada, los recién llegados de un paseo en el que tosieron y bebieron y piden una opinión y los que hablan de introducción de chips en el cuerpo para ser vigilados (como si no bastara con la Dian), enfermedades o cosas raras que afectan a los futbolistas en pleno partido, destrucción del sistema inmunológico con dosis de veneno radioactivo (reducción poblacional), añadiendo los que dicen que no se ponen otra vacuna más porque la última casi los mata. Y mientras esto pasa, hace sol y llueve, aumenta la contaminación ambiental y muchos rezan a favor o en contra del alcalde, que todo lo ve con cara de jeringa.

Este virus, que afecta economías y estados mentales, ha mutado. Y muta saltando por el alfabeto griego: de alfa pasó a mu, de ahí a delta y ahora vamos en ómicron, la quinceava letra que, en cartas del tarot, significa el diablo, lo que ya sí permite mostrar el virus de color rojo vivo. Pero hay que aclarar que ómicron no es omega, la letra que simboliza el fin de los tiempos en el cristianismo, sino una o pequeña que los griegos tomaron del fenicio para que sus palabras (las de los clásicos griegos) sonaran mejor. Quizá descubrieron esto para resolver el problema fónico de las máscaras de teatro, lo que suena a herejía. Habría que preguntarle a Erasmo de Rótterdam, al que le debemos el sonido del griego clásico.

Ómicron, que es altamente contagiosa (como todos los diablos) y se camufla bien en gripes y resfriados, tiene algo interesante: mata y no mata. En la mayoría de las veces, las vacunas la rechazan, si bien no de una vez, al menos como en el boxeo, donde la vacuna tiene un upper cut (golpe que va de forma vertical a la barbilla) tremendo, dejando al virus pidiendo esquina. En otras (casos se han registrado), el virus responde con un jab de izquierda y le saca el aire al afectado, poniéndolo en problemas. Ahora, si la variante ómicron se las ve con no vacunados, los daños que hace sí son grandes e incluyen muertes. Con los antivacunas, todo el ring es para la variante.

Acotación: haya salido de un plato de murciélago, de un laboratorio o simplemente sea un virus más, con el covid hay que tener cuidado. Y no solo en salud, sino en la abundante creación de pánico 

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