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José Guillermo Ángel
Columnista

José Guillermo Ángel

Publicado el 27 de noviembre de 2021

Sobre plagios, copias y malas mañas

Estación Imagen Turbia, a la que llegan los que estuvieron en alguna universidad local o del extranjero (de esas de medio pelo), de parranda más que estudiando; los que pasaron platas por debajo para lograr buenas notas o le pagaron a compañeros pobres para que hicieran los trabajos por ellos; abundando los que aparecen en fotos luciendo su segunda borrachera y luego el título obtenido que en ocasiones no saben bien en qué fue ni lo que significa, pero el nombre suena bien y nadie les va a preguntar qué aprendieron, sino dónde y con quién se graduaron; ya se sabe, lo que valen son los contactos. Y en la fila están también los que entienden cómo fue el asunto (pero ya han comprometido recomendaciones) y los que saben que con un título disfrazado (acreditando por doctorado o maestría la estancia en un diplomado exprés en alguna institución rara) lograrán un puesto en el exterior (así sea de pegados) o un cargo interesante en el gobierno. Y, bueno, esa es la inteligencia política nacional: tener título sabiendo que no saben.

En estos países, en los que una forma de ascenso social es el título y la manía por los títulos (a veces la obsesión), lo que saben los que gobiernan es digno de analizarse, pues, por lo común, nunca ejercieron la profesión que acreditan ni muestran los logros alcanzados en su perfil profesional. Solo se nombran a sí mismos doctores o magísteres, pero de ahí a saber y aplicar, a entender las relaciones con lo sabido y aportar conocimiento, poco o nada. Para llegar a ministro de energía, por ejemplo, solo se requiere haber sido concejal, diputado, honorable senador y un dedo que lo empuje al mundo de las hidroeléctricas, las energías limpias y las leyes de la incertidumbre. Y, bueno, desde un soberbio no saber se toman las decisiones.

La educación no es algo que se compre o se falsifique, es un proceso para ser humanos. Y en la medida en que se complejiza (técnicas, pregrados, posgrados), las obligaciones para con el otro son mayores, pues quien acredita este tipo de titulaciones no solo debe ser modelo, sino guía para los demás, en tanto que comete menos errores y entiende mejor la realidad. La palabra profesional quiere decir cuidar de la vida del otro (el médico cuida de la vida, el arquitecto de la vivienda, el economista de intercambios y empleos, etc.). Pero en estos calores de lluvias torrentosas, pareciera que el título es solo para escamparse o posar.

Acotación: el plagio y la copia no solo dicen que quien lo hace no sabe nada, sino que está incapacitado para entender lo que ha tomado de otros. O sea que luce lo que no entiende. Y en estas malas mañas, engañar es engañarse, pues el título es un juez, no un cómplice 

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