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José Guillermo Ángel
Columnista

José Guillermo Ángel

Publicado

SOBRE TANTOS HUMOS SUELTOS

Por JOSÉ GUILLERMO ÁNGEL

memoanjel5@gmail.com

Estación Fumarola, humareda que tiene que ver con los volcanes y los gases y vapores que de estos salen, a veces creando formas que inspiran a poetas, documentalistas y pintores, y en otras mostrando cómo saltan los diablos en el infierno y los diversos encendidos que acreditan sus colas, ojos y lenguas, como pasó (con el volcán Vesubio) en Pompeya y Herculano. Claro que también podría ser fumarola (palabra italiana) lo que sueltan los dragones por el hocico cuando se enojan con los príncipes o se comen algo que los indigesta: una princesa dormida y en mal estado, por ejemplo. Y digo podría porque los dragones no existen más que en la fantasía, pero si los mofles de los camiones, motos, carros y buses, que son bastantes y variados, y botan su carga de humo dependiendo del trancón, los cambios de velocidades, el estado del motor y la calidad de la gasolina, que para las tierras en que vivimos es bastante mala debido al octanaje que contiene y al refinado de baja calidad.

Es claro que vivimos en un valle con forma de embudo en el que la contaminación flota a sus anchas produciendo un velo amarillento y perverso que contiene toda clase de partículas peligrosas, incluyendo las del caucho que sueltan las llantas al frenar. Y estas partículas entran en bronquios y pulmones, arterias y en la sangre, produciendo no solo enfermedades cardio-pulmonares sino cansancio, visión defectuosa, respiración cansina y mal genio. Y esta contaminación, en los días de pico y placa ambiental, misteriosamente se multiplica, quizá porque muchos tienen doble carro (o triple) o carro y moto, sin contar la multitud de buses, tractomulas, busetas, transportadores de líquidos y de otros materiales, a más de las bicicletas se salen de la ciclovía. El caso es que los trancones se hacen peores y recorrer un pequeño espacio ya es cosa de media hora, pudiéndose hacer a pie en menos tiempo. Y en el trancón está el problema.

La distancia entre un vehículo y otro debe ser mínimo de seis metros, para el motor que vaya más suelto y use menos el primer cambio (que es el que más contamina). Pero no, aquí vamos pegados los unos a los otros, los buses que deben ir por la derecha se meten por cualquier carril, los de las motos parecen corriendo una carrera de obstáculos y bueno, el resultado es uno: muchos vehículos atrapados en un espacio densificado; vías insuficientes y gente acelerando para contaminar, rabiando.

Acotación: los expertos se dan humos explicando la solución en diapositivas, pero rara vez hacen los recorridos para ver qué pasa y menos se asesoran de un taxista, que a la larga es quien más vive el asunto contaminante. Y se inventan horarios para crear un medio vacío que produce después horas libres sobrecargadas. Y ahí vamos, humeando contaminantemente. ¡Cof-cof!.

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