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María Clara Ospina
Columnista

María Clara Ospina

Publicado el 30 de octubre de 2019

Suelo fértil para la revolución

Las protestas multitudinarias, como las de Santiago de Chile, impulsadas por la izquierda, bien organizada y empoderada, o las de Santa Cruz, Bolivia, causadas por un pueblo enfurecido por el robo descarado de las elecciones presidenciales por Evo Morales, quien se atornilla por 5 años más al gobierno, son el producto de muchas variantes que hoy tienen incendiada a Latinoamérica.

Hay una furia manifiesta entre los pueblos del continente, en algunos casos con mucha razón, como sucede en Bolivia, Venezuela, Nicaragua y Haití, donde la ciudadanía se siente engañada, abusada y maltratada por gobiernos dictatoriales.

En otros países las protestas provienen de una bien organizada izquierda internacional empeñada en tomarse el continente, bajo las directrices del Foro de Sao Paulo y el apoyo de los usuales exportadores de revolución, Cuba y el régimen establecido por Hugo Chávez y su heredero, el nefasto Nicolás Maduro.

Dictaduras que no tienen dinero para alimentar o cuidar la salud de sus gentes, pero sí lo tienen, a manos llenas, para exportar revolución, pagar a intelectuales, académicos y medios para promover, coordinar y justificar huelgas, protestas, incendios, saqueos y ataques a la fuerza pública con cualquier excusa.

La izquierda dura pretende manipular a la población a su favor para tomarse los gobiernos y acabar con la democracia. Para luego establecer gobiernos autócratas; dictaduras que se enquistan en el poder y jamás lo dejan pacíficamente. No importa la desesperación de sus pueblos por deshacerse de ellas. Habrá brutal represión y destrucción total de las libertades, como ha sucedido en Cuba desde hace 60 años, o en Venezuela desde hace 20.

Hay que reconocer que esta semilla de revolución está cayendo en suelo fértil, porque hay una desconexión entre los gobernantes y sus pueblos, hay desigualdad y pobreza, faltan programas sociales efectivos e inmediatos y una lucha sin cuartel contra la corrupción.

Vivimos en el reino de la mentira, de la verdad a medias, utilizada descaradamente por unos y otros. Algo que ha enervado el ambiente. Nadie sabe en quién o qué creer. Las plataformas sociales, y aun los medios, nos bombardean a diario con noticias, amañadas y acusaciones falsas.

Para los cerebros de estas manifestaciones lo importante es crear el caos, aprovecharse de los violentos, que siempre los hay, para quemar, saquear y destruir. Y si hay encuentros con la fuerza pública y, por desgracia, alguien resulta herido o muerto, mejor aún, han creado un valioso “mártir” para utilizar en contra del gobierno.

Hoy las democracias se sienten maniatadas para responder, pues, de hacerlo, los izquierdistas gritarán ¡violación a los derechos humanos! Acorralando a los gobiernos democráticos. ¡Así no quedará ni uno!.

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