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Juan David Ramírez Correa
Columnista

Juan David Ramírez Correa

Publicado el 16 de julio de 2019

Taxis y Uber

Los taxistas son los que están perdiendo y no es que las plataformas tecnológicas les tengan ventaja. Van perdiendo por el sentido anacrónico con el que asumieron la existencia de este tipo de servicios que hacen parte de algo que impera en el mundo: la economía colaborativa.

Hombre, la gente tiene una vida digitalizada. El mundo está en el celular. Batallar contra eso es una bobada de aquí a Shangai. Como dice el rector de la Universidad Eafit, estamos en la era del pulgar, una apreciación que resume el día a día de todos, incluyendo el de los taxistas. Quien niegue que Uber, Rappi y otras plataformas de ese tipo, no le han hecho la vida más fácil, pues que tire la primera piedra.

Esto lo digo en cierta medida porque es grotesco el camino que han elegido muchos taxistas. Un camino que se resume en intimidación: el que maneje Uber es el enemigo y el que sea Uber friendly, pues, chupe por añadidura.

La semana pasada sucedió de nuevo. En varias ciudades salieron a protestar. Digamos que tienen sus argumentos: las plataformas digitales no están reglamentadas y ahí están los Uber quitándoles el trabajo bajo una competencia que ellos consideran totalmente desleal e ilegal. Hasta ahí, todo bien. Lo malo es que –como en otras ocasiones– el bloqueo de vías, la violencia y el señalamiento como traidores a colegas que se limitan a trabajar, marcaron la parada, denotando una vez más que la intransigencia se ha convertido en su razón de ser. Eso pasa cuando lo que quieren es prohibición para seguir negando la realidad.

A ver, el transporte público en Colombia cambió. La era del pulgar está mandando, vuelvo y digo. Van seis años desde que los Uber llegaron al país. Señores taxistas, pues les tocó convivir con ellos y por qué no, aprender muchas cosas con las que los han superado.

¿El gobierno y las autoridades? A todas luces es claro que el Estado debe mediar. En sus manos está la responsabilidad de actuar y lograr algo de armonía entre taxistas y plataformas, una convivencia donde la ley de oferta y demanda sea la que rija el uso, porque los usuarios quieren soluciones de movilidad. Esa es la mejor forma para acabar el patético método que se inventaron para regular los Uber, mientras se espera que prospere alguno de los tres proyectos de ley que hay en el Congreso para regular las plataformas: un montón de policías persiguiendo a los conductores cual cacería de mosquitos en Coveñas.

“Hacer que todos quepan”, esa frase debería estar en el manual. Aquí es cuando recuerdo claramente lo que algunos taxistas, que quieren lo que hacen, saben bien la relevancia de trabajo y tienen la voluntad de adaptarse al cambio, me han dicho: “yo no sé por qué joden tanto si trabajo tiene que haber para todos”..

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