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Andrés Oppenheimer
Columnista

Andrés Oppenheimer

Publicado el 12 de febrero de 2020

Trump le dio un espaldarazo político a Guaidó

Donald Trump es el presidente más anti-hispano de la historia reciente de los Estados Unidos, pero hay que aplaudirlo por la bienvenida de héroe que le dio en su discurso anual ante el Congreso a Juan Guaidó, el valiente presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela.

Hay que ser sincero: en este caso, Trump estuvo muy bien. Le dio a Guaidó un muy necesario empujón político no solo invitándolo a su discurso del Estado de la Unión, sino refiriéndose al líder opositor venezolano durante el mismo como “el presidente legítimo de Venezuela”. Y un día después, el miércoles, Trump lo recibió a Guaidó con honores en la Casa Blanca.

La lideresa de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y sus colegas demócratas en el Congreso también merecen crédito. Se pusieron de pie y le dieron un aplauso prolongado a Guaidó cuando Trump lo mencionó en el Congreso. Por un breve momento, republicanos y demócratas dejaron de lado sus diferencias y rindieron homenaje a Guaidó.

“Aquí esta noche está un hombre muy valiente que lleva consigo las esperanzas, los sueños y las aspiraciones de todos los venezolanos”, dijo Trump en su discurso.

Fue una gran muestra de apoyo a Guaidó y a la oposición de Venezuela. Y no pudo haber sido más oportuno, porque Guaidó está más asediado que nunca por la dictadura de Nicolás Maduro.

Guaidó fue reconocido el año pasado por Estados Unidos y más de 50 países como el líder legítimo de Venezuela luego de las elecciones fraudulentas de 2018 en que se proclamó reelecto Maduro.

Ahora Maduro ha dicho que reemplazará a la actual Asamblea Nacional controlada por la oposición, la última institución elegida democráticamente de Venezuela, en las elecciones legislativas controladas por el régimen y programadas para diciembre.

Claro que el trato de Trump a Guaidó estaba diseñado en buena parte para ayudarle al presidente estadounidense a ganar votos cubanos y venezolano-americanos en Florida en las elecciones de noviembre.

Y también es cierto que, durante el fin de semana, parecía que Trump había desairado a Guaidó al no recibirlo mientras los dos estaban en el sur de Florida, y al no incluirlo en la lista inicial de invitados especiales al discurso de Trump emitida por la Casa Blanca. Sin embargo, eso se corrigió a último momento el día del discurso de Trump ante el Congreso.

El miércoles, Guaidó correspondió la cortesía de Trump al tuitear “Estamos unidos, presidente Trump”, sin hacer referencia a los demócratas. ¿Había sido esa una exigencia de Trump? Tras la publicación de las exigencias de Trump al presidente de Ucrania para que este último incidiera en las elecciones de los Estados Unidos a favor de Trump, no sería raro que así fuera.

El resto del discurso de Trump incluyó sus diatribas habituales contra los inmigrantes indocumentados latinoamericanos.

Habló extensamente sobre “inmigrantes ilegales criminales”, culpándolos de 10.000 robos el año pasado, y mostró el caso de “un criminal extranjero” acusado de violación y asesinato de una mujer de 92 años. Como siempre lo hace, Trump dio la impresión de que la mayoría de los inmigrantes indocumentados son criminales.

En rigor, un estudio del Instituto Cato de 2018 muestra que los inmigrantes indocumentados cometen menos delitos que los nacidos en Estados Unidos.

“No tiene vergüenza, señor presidente”, tuiteó la congresista Donna Shalala (D-Miami) después del discurso de Trump. “Los inmigrantes han construido este gran país, pero usted elige ignorar ese hecho. En cambio, trafica con el miedo y la división al equiparar a los inmigrantes con asesinos y violadores”.

Trump ha cortado la ayuda externa a Centroamérica, continúa construyendo un muro inútil en la frontera mexicana, ha separado a los bebés de sus madres inmigrantes y no ha otorgado el estado de protección temporal a los venezolanos que huyen de su país. Con estas y varias otras medidas, Trump ha probado no ser amigo de los latinos.

Sin embargo, Trump hizo lo correcto con Guaidó, y los demócratas hicieron lo correcto al aplaudir de pie. Con suerte, esta muestra de apoyo bi-partidista hará que Washington le preste más atención a la crisis humanitaria de Venezuela.

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