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David Santos Gómez
Columnista

David Santos Gómez

Publicado el 26 de enero de 2021

Un cuerpo sin cabeza

La peor catástrofe sanitaria de la historia reciente coincidió en Colombia, para nuestra desgracia, con la presidencia de Iván Duque. Un líder tembloroso, contradictorio, cuyas declaraciones siempre están empañadas por un vapor de duda. Un gobernante sin credibilidad, permanentemente a la defensiva, que recibe golpes por igual de la oposición y de su partido, y cuyo gabinete se muestra avasallado por las urgencias en esta época de angustia.

La falta de liderazgo del presidente se hizo evidente desde sus primeros meses. Sus formas revelaron una incapacidad de mando preocupante y las alarmas se prendieron cuando aún no se había cumplido el primer año. Luego llegó la pandemia y lo que iba para un periodo de olvido degeneró rápidamente en desamparo. Sus programas de televisión con transmisión simultánea nacional, que en abril y mayo estaban revestidos de la urgencia de nuevas medidas, pasaron a ser la radiografía de una Casa de Nariño superficial que gesticula mucho, pero tiene poco para decir.

El coronavirus nos arrolló de frente en momentos en los que el cuerpo camina sin cabeza y, de paso, corrió el velo de nuestras miserias políticas. Puso en evidencia la incapacidad del Estado por hacerse cargo de los más vulnerables, siempre a la ridícula sombra de que toda asistencia es regalo y todo regalo, socialismo. Expuso, también, cómo la maquinaria gubernamental -que se precia de estar muy bien aceitada- es una mezcolanza oscura de mentiras e intereses, poco organizada e incapaz.

Por eso Colombia aún no vacuna. Por eso los funcionarios de Iván Duque mienten al exponer el mapa hemisférico del acceso a las primeras dosis, sin que se les caiga la cara de la vergüenza, cuando la realidad les enrostra que México, Panamá, Ecuador, Chile, Brasil o Argentina, iniciaron ya el proceso de inoculación, en algunos casos desde hace más de un mes. No ha sido fácil, de ninguna manera, pero esos países ya empezaron. ¿Qué los hace tan diferentes?

Las cifras no mienten. La falta de liderazgo tiene consecuencias. Después de incitar aglomeraciones, de promover días de comercio, de relajar medidas para que el individualismo ciudadano se dé un banquete, se intentan torniquetes menores para evitar el desangre. Pero nuestro país no hace más que escalar posiciones en la pavorosa tabla de contagios y muertes, con hospitales colapsados y médicos saturados. Somos líderes. Van 51 mil muertos

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