Por FELIPE AGUDELO OLARTE
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Ganadora en los Globos de Oro a mejor película y mejor director y nominada en diez categorías a los Premios Oscar, el filme 1917 del director y productor inglés Sam Mendes, narra la historia del soldado Blake y su compañero Schopfield, pertenecientes al ejército británico, con la misión de llevar el mensaje de la cancelación del ataque contra el frente alemán. El origen del argumento es la historia escuchada por el director a su abuelo Alfred Mendes, quien fuera soldado en la Primera Guerra Mundial.
A través de una técnica de la cámara con tomas largas, la película no sólo logra dar la percepción de continuidad, sino que a la vez genera la presión del tiempo para la entrega del mensaje en simultánea para los soldados y los espectadores, sumergiendo a ambos en un único ritmo. Un argumento sencillo: una entrega de un mensaje, pero con la repercusión de poner en juego la vida de miles de soldados, entre ellos el hermano de Blake.
Franz Kakfa en su cuento “Un mensaje imperial” narra que un emperador en su lecho de muerte llama a uno de sus súbditos, a quien pide arrodillarse junto a la cama, y le susurra un mensaje tan importante que ordena al mensajero que se lo repita en su oído y luego con un movimiento de cabeza le confirma que está correcto. Sin embargo, la amplitud del palacio con sus distintas cámaras y secciones y la multitud que lo ocupa hacen imposible la salida del mensajero. Al final, Kafka se dirige al lector para decirle: “Tú, mientras tanto, te sientas junto a tu ventana y te imaginas tal mensaje, cuando cae la noche”.
Tanto Mendes como Kakfa nos recuerdan una realidad del ser humano: poseemos un mensaje único para transmitir, sólo cada uno lo conoce, se encuentra susurrado en el corazón y únicamente el camino de la vida nos permite ser conscientes del valor de dicho mensaje como de la vida que lo porta. En una escena magnífica de la película, un soldado canta ante el resto de la tropa que en silencio le contempla: “Sólo soy un extraño caminante que viaja a través de este mundo de aflicción...”.
El asesinato de cada ser humano, de cada líder social de nuestro país cuyo número continúa en aumento, es la barbarie de un mensaje silenciado que nunca podrá ser escuchado, mientras cada noche junto a la ventana seguimos esperando que alguien llegue con un mensaje que, como en el filme, detenga el sacrificio de más vidas en el sinsentido de una guerra, bien sea de 1917 o 2020.