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P. Hernando Uribe
Columnista

P. Hernando Uribe

Publicado el 07 de febrero de 2020

Un pensador universal

El 28 de enero es la fiesta de Santo Tomás de Aquino (1226-1274), patrón de las universidades. Enseñar fue su filosofía de vida. Tuvo la sabiduría de armonizar estudio y oración, contemplación y acción. La pregunta de quién es Dios le resultaba del todo natural, y alguien es sabio porque saborea, porque experimenta a Dios, como lo corroboró leyendo al Pseudo Dionisio.

Tomás perteneció a los dominicos, una orden mendicante, que cambió la estabilidad monástica por la movilidad apostólica, de modo que los monjes llevaban la palabra fresca y sabrosa del evangelio, estudiada y meditada en el monasterio, a los lugares donde la gente vivía y trabajaba.

Los mendicantes tenían del mundo nuevo que estaba naciendo una comprensión tan revolucionaria, que con su organización y comportamiento, dieron origen al estado central moderno y a la moderna economía capitalista.

Tomás oraba como si nada esperara de su trabajo, y trabajaba como si nada esperara de su oración. Lo cual es un decir, porque para Tomás, todo, por disímil que fuera, estaba unido por una corriente de secreta simpatía, el Espíritu Divino, Creador de todo cuanto existe. Tomás tenía el instinto de Dios.

Su maestro fue Alberto Magno. Con su conocimiento enciclopédico, ambos siguen asombrando a todo el que los lee y los estudia. Aristóteles, Orígenes y San Agustín fueron su fuente de inspiración. De ellos hizo una interpretación portentosa en todos los aspectos de la vida humana. Para Chesterton, Tomás es más cristiano y no meramente más aristotélico, cuando insiste en que Dios ha entrado en contacto con el mundo material a través de la materia.

La “Suma teológica” es un tratado portentoso de teología que ha dejado huella indeleble en la enseñanza de la filosofía y la teología. Cuando estaba escribiendo la tercera parte, tuvo una revelación, que le dejó el sentimiento de que lo que había escrito “parece como paja para mí, y por eso ya no soy capaz de escribir más”. Tomás fue docente en algunas de las grandes universidades que nacían en ese momento, como Bolonia, París, Colonia, Oxford, Cambridge y Salamanca.

Tomás oraba así: “Señor, dame agudeza para entender, capacidad para asimilar, método y facilidad para aprender, ingenio para interpretar y gracia para hablar. Dame acierto al empezar; dirección al progresar y perfección al acabar”.

En Suma contra los gentiles escribió: “La primera obligación de mi vida para con Dios es hacer que él hable en todo lo que digo y pienso”. Gigante de la teología, la filosofía y la mística, Tomás es modelo por la pasión con que vivió su vocación.

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