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David E. Santos Gómez
Columnista

David E. Santos Gómez

Publicado el 25 de mayo de 2022

Un prototipo indeseable

Ahora que, a propósito de las presidenciales brasileñas, vamos a empezar a ver con mayor frecuencia los nombres de Jair Bolsonaro y de Luis Inacio Lula da Silva en las noticias, a leerlos en los análisis de prensa, a escucharlos en el lenguaje de los políticos locales, vale la pena estar atentos a las increíbles formas de defensa que utilizarán algunos para rescatar los cuatro años del gobierno ultra derechista. Con el manido propósito de ir en contra de Lula se harán malabares sorprendentes y se debatirá en torno al mal menor. Se dirá que no fue tan malo el desastre mortal del Covid causado por el negacionismo del presidente, ni el desprecio por la Amazonía, ni su mirada xenófoba, ni tampoco su delirio racista. Se pasarán por debajo de la mesa sus insultos contra las mujeres. Pretenderán ocultar todo tras el manto de la irreverencia.

Por el contrario, lo que los hechos nos exponen, es que la presidencia de Bolsonaro ha sido una desgracia para su país y para el continente. Para Brasil por lo dicho en el párrafo anterior y por lo que se ha narrado una y otra vez desde el 2019. Para América entera por la forma en la cual su discurso despreciable -de la misma forma que hizo Donald Trump desde Washington- ha normalizado los ataques a las minorías, a las instituciones y a la democracia en conjunto, como un camino viable para la administración del Estado. El exmilitar brasileño convirtió en exotismo lo que es, a todas luces, un delito y corrió las fronteras de lo aceptable en el discurso latinoamericano de lo público.

Dirán ustedes que no es nada nuevo. Que, en este hemisferio sufrido y abusado por élites y gobiernos desastrosos, hemos tenido una larga lista de payasos. Y tienen razón. No nos alcanzaría esta columna para listarlos. Sin embargo, no es tan frecuente un saltimbanqui como este. Con tanto poder y con uno tan duradero a pesar de su raciocinio retorcido. Mucho menos habitual es su camino recorrido hacia la cima, sustentado en un discurso de violencia y con el cual -y por el cual- ha ganado adeptos comprometidos a repetir esa lógica perversa.

Frente al anacrónico coco del comunismo parece que, para un grupo importante de políticos y ciudadanos, es válida cualquier arma disponible. Y ahí tenemos que estar bien atentos para reconocerlos. Bolsonaro, como Trump, son una desgracia. Hijos políticos de una época convulsa y de descreimiento democrático. Manipuladores del cansancio popular. No hay defensa posible ni de su estilo, ni de su discurso ni mucho menos de su actuar.

Así que hay que abrir los ojos. Es posible que, a pesar de todo, ser testigos de la desgracia nos sirva de algo. La defensa de Jair Bolsonaro debe saltar como una alarma urgente de lo inaceptable. Necesitamos que personajes así sean expuestos en la palestra como la línea roja que nunca debe ser cruzada .

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