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Juan Luis Mejía Arango
Columnista

Juan Luis Mejía Arango

Publicado el 06 de julio de 2020

Una defensa de la idea de universidad

Estimados graduandos:

Estas palabras deberían expresar la alegría y el regocijo por el logro que ustedes alcanzan hoy. Pero la universidad, o mejor, la sociedad toda, está adolorida e indignada. Daniela Quiñones Pimienta soñaba estar muy pronto en una ceremonia como esta, en compañía de doña Luz Ángela, quien vería recompensados sus esfuerzos para que su hija fuera una Administradora de Negocios de Eafit. Pero esos sueños, esos esfuerzos, esas ilusiones fueron brutalmente truncados por el solo hecho de ser Daniela una mujer en la flor de la vida. Estas palabras reflejan el dolor de todos, a la vez que envían un mensaje de solidaridad a su familia y claman porque este nuevo crimen contra las mujeres de Colombia no quede impune. ¡Ni una menos!

Luego de esta triste introducción, quiero referirme a la atípica ceremonia que nos convoca. Todos los rituales inherentes al acto de culminación de un ciclo universitario, como el resto de las rutinas de la vida cotidiana, se han visto alterados por una pandemia que creíamos solo existía en los libros de ciencia ficción.

A pesar de las dificultades por las que hemos tenido que transitar, quedan lecciones positivas para nuestras vidas. La primera de ellas es la adquisición de competencias digitales. Gracias a las plataformas digitales los horarios se cumplen con puntualidad y las reuniones son más efectivas.

Si bien estos son aspectos positivos, no comparto la idea de que la virtualidad llegó para quedarse y, por tanto, va a sustituir la vida universitaria tal como se ha venido concibiendo en los últimos ochocientos años. Está haciendo carrera la idea según la cual ya la universidad no es necesaria y que en adelante los jóvenes podrán capacitarse por medio de cursos cortos ofrecidos en línea por distintas empresas del conocimiento. Considero que la Universidad seguirá siendo necesaria y que la virtualidad será un complemento, pero no un sustituto de los procesos de aprendizaje.

Ustedes son la promoción del sexagésimo aniversario de Eafit. Considero necesario entablar una defensa de la idea de Universidad, pues hoy, más que nunca, es urgente recordar qué significado tiene esta institución para la humanidad, y por tanto para las sociedades.

Vivimos un presente incierto, librando una batalla contra un enemigo invisible, incoloro e inoloro. Un nano organismo detectado sólo con sofisticadas tecnologías. Pues bien, más temprano que tarde se encontrará una vacuna, y como tantas veces en la historia, la humanidad saldrá avante por una razón simple: el ser humano posee inteligencia, y el virus solo adaptabilidad.

Pero la inteligencia vencerá, pues se ha cultivado. Recordemos que cultivo y cultura provienen de la misma raíz latina. La Universidad, con mayúsculas y en su sentido más amplio, es el gran espacio donde se cultiva la inteligencia y se disemina la cultura; los campus universitarios son los lugares privilegiados donde se abona, se cosecha y se irradia la inteligencia. Los científicos de todo el mundo, incluidos para nuestro orgullo algunos colombianos, muy pronto obtendrán la vacuna que devolverá tranquilidad y seguridad a la humanidad. Con absoluta seguridad esos científicos no se formaron en cursos de dos meses tomados en la red. Es posible que alguna habilidad pueda haber sido adquirida allí. Pero la curiosidad, el método científico, la permanente interacción con sus pares académicos, son competencias y vínculos que solo se adquieren en la vida universitaria.

Entendemos la Universidad como una experiencia plena de vida, donde afloren y consoliden todas las potencialidades latentes del ser humano. La universidad es una gran conversación entre las diferentes áreas del conocimiento, entre los distintos grupos sociales, entre las generaciones. Si bien uno de los objetivos de la educación superior es entregar a la sociedad excelentes profesionales, la verdadera misión de la universidad es mucho más ambiciosa. Lo expone Nuccio Ordine en su provocador manifiesto “La utilidad de lo inútil”. En uno de sus apartes dice el escritor italiano: “Privilegiar de manera exclusiva la profesionalización de los estudiantes significa perder de vista la dimensión universal de la función educativa de la enseñanza: ningún oficio puede ejercerse de manera consciente si las competencias técnicas que exige no se subordinan a una formación cultural más amplia, capaz de animar a los alumnos a cultivar su espíritu con autonomía y dar libre curso a su curiositas. Identificar al ser humano con su mera profesión constituye un error gravísimo: en cualquier ser humano hay algo esencial que va mucho más allá del oficio que ejerce” (...).

Y es que la pandemia nos tiene ocupados en la inmediatez y ha hecho que los otros grandes retos que tiene la humanidad pasen a un segundo plano. Pero allí siguen presentes, unos, incluso, más agudos que antes: el impacto ecológico originado por el calentamiento global, la vergonzosa desigualdad social, la erosión de la democracia, los alarmantes signos de exclusión y xenofobia, las enfermedades sin respuesta como el cáncer, la malaria, el VIH; la gran brecha digital, la manipulación creciente de la información, la tentación totalitaria a costa de las libertades y los derechos fundamentales, etc.

La pregunta es: ¿quién nos ayudará a resolver semejantes desafíos? ¿Los que hagan cursos cortos en internet? ¿O aquellos que, como ustedes, han disfrutado la universidad y por tanto han incorporado a sus vidas una disciplina y un método de estudio, que mantiene viva la curiosidad y que han comprendido el valor de la construcción colectiva del conocimiento?

Los despedimos con los sentimientos propios de estas ceremonias, donde confluyen la nostalgia por lo que culmina y la ilusión de lo que se inicia. Felicitaciones por su título y larga vida a la universidad.

Y ¡ni una menos!.

*Rector de Eafit. Apartes del discurso en la ceremonia de grados de la Universidad.

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