<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
El País
Columnista

El País

Publicado el 09 de octubre de 2021

Una forma muy política de escurrir el bulto

Las lenguas suelen estar configuradas sobre una base fuertemente antropocéntrica, a partir del tiempo y del espacio de quien habla, y este puede decidir hacer irrelevante o vaga la presencia de otros. La impersonalidad no es solo un rasgo que apliquemos a edificios, al trato humano o a la decoración de algunas habitaciones: es también un rasgo lingüístico. Son impersonales las frases que construimos evitando la mención a quien es el responsable de la acción que se narra. Hay impersonalidades inevitables: la de llover, por ejemplo, que en español no tiene sujeto; pero hay impersonalidades completamente deliberadas y buscadas, nacidas porque no queremos señalar quién está detrás de la acción, sea porque no lo sabemos, sea porque no queremos que lo sepan los demás. A veces diluimos el sujeto en la masa; otras veces, normalmente con el pronombre se, lo escondemos.

En la política, el protagonismo del agente o su disolución es también opcional: en los carteles electorales sale un candidato con nombre y apellidos. La paradoja es que en cuanto empieza a gobernar y a decidir sobre cuestiones difíciles, esa persona comienza a disiparse en la sintaxis y ya deja de estar presente en lo que acomete. Comienza a decir: se ha tomado la determinación, y no: yo he tomado la determinación. Quienes usan estas frases y funden su figura con el fondo saben también volver al primer plano de manera oportunista para decir, cuando conviene: he alcanzado esto, he logrado aquello.

Nada hay más sibilino que el intento de sacudirse lingüísticamente una responsabilidad política. Unos y otros se van esquinando hábilmente a la sombra que les da la sintaxis de la impersonalidad: se incrementan los precios (¿ellos solos?), se produce una subida de la luz (¿quién la produce?), suben los mercados (como si tuvieran vida propia). Es invisibilizar lo humano y humanizar lo que no lo ha sido nunca.

Nuestros primitivos antepasados eran animistas, creían que las piedras y las montañas tenían alma, pero nosotros estamos en la civilización contraria, la del impersonalismo; aquí nadie es agente, todos son observadores, no participa nadie, ni siquiera quien regula y gobierna. Por eso, cuando un periodista en una rueda de prensa levanta la mano y pregunta quién, quién con todas las letras, cuando un periodista pide el sujeto o rebusca entre papeles hasta encontrarlo, ayuda a conjugar verbos cuyos sujetos no deben ser elípticos ni omitidos a la sociedad: defraudar, abusar, esconder. Cuando un periodista arrastra desde el fondo a quienes deben ser valorados como figuras que son, está desenmascarando la impersonalidad, y en ese periodismo creo 

Porque entre varios ojos vemos más, queremos construir una mejor web para ustedes. Los invitamos a reportar errores de contenido, ortografía, puntuación y otras que consideren pertinentes. (*)

 
¿CUÁL ES EL ERROR?*
 
¿CÓMO LO ESCRIBIRÍA USTED?
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS

Datos extra, información confidencial y pistas para avanzar en nuestras investigaciones. Usted puede hacer parte de la construcción de nuestro contenido. Los invitamos a ampliar la información de este tema.

 
RESERVAMOS LA IDENTIDAD DE NUESTRAS FUENTES *
 
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Teléfono
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS
Otros Columnistas