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Rafael Isaza
Columnista

Rafael Isaza

Publicado el 04 de enero de 2020

Venezuela

Amable lector. Cuando se pretende emitir un juicio sobre la situación actual de Venezuela, no es posible ignorar su pasado. Por fortuna existe suficiente información que permite conocer cuál ha sido el comportamiento de ese pueblo. Al inicio del siglo XVIII, se dieron los primeros brotes de la independencia de España.

El 26 de marzo de 1812 hubo un fuerte terremoto, perecieron un poco más de 15.000 almas, la mayoría en Caracas. Muchos afirmaron que era un castigo divino. En esa época el país político estaba fraccionado en tres sectores: Maracaibo, Coro y Puerto Cabello que eran partidarios del rey de España; Caracas y Barinas seguían a Bolívar; y Barcelona y Cumaná al general Santiago Mariño.

A Bolívar le preocupaba que buena parte del pueblo estaba con España y que José Antonio Páez, Mariño y Piar actuaban como jefes supremos en sus regiones. No sobra mencionar que más tarde casi la mitad de las tropas de Pablo Morillo eran criollas. Siendo Venezuela un país rico en agricultura y ganadería la población carecía de alimentos, igual que hoy.

No es aventurado afirmar que en Venezuela un segmento de la población a través de los años ha conservado intacta la genética. Desde la época de la independencia figuró un grupo de personajes revestidos de títulos militares, entre otros, José Antonio Páez, José Tadeo y José Gregorio Monagas, José Francisco Bermúdez, José Dionisio Cisneros, Antonio Leocadio Guzmán, Santiago Mariño, el indio Rangel, Exequiel Zamora y Pedro Carujo. Todos con un común denominador: pendencieros, ambiciosos, arbitrarios, carentes de escrúpulos y poco letrados.

En años recientes aparecen seres que conservan la pureza del ADN de la herencia de sus antecesores. A manera de ejemplo, Juan Vicente Gómez, Hugo Chávez, Nicolás Maduro y Diosdado Cabello. Estos últimos, invocando doctrinas de la izquierda radical, destruyeron los bienes de producción y con ello vino la escasez de alimentos e insumos de la salud, la corrupción, la inseguridad de la población y la salida del país de gente capaz.

La manera como se han comportado las personas de hoy se asemeja mucho a como actuó ese pueblo durante la época de la independencia. Nunca hubo consenso sobre cómo debían proceder. En esta oportunidad millones de venezolanos abandonaron el país. Los que se quedaron deambulan sin tener un norte que los aglutine.

Igual que pueblos que han debido afrontar la guerra, muchos de sus hijos murieron defendiendo la libertad. Los venezolanos, sin recurrir a la violencia, deberían enfrentar con mayor firmeza a un gobierno déspota y corrupto que destruyó la riqueza y la libertad de esa nación. Es un hecho que obrar así representará la pérdida de muchas vidas pero es el único medio de poner fin a tanta ignominia.

Recurrir a los medios diplomáticos aun con personas que tengan principios éticos es un camino difícil, y si una de las partes carece de ellos, es un imposible.

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